Diego revuelta ha estado con algunos de los nuevos habitantes de esta pequeña localidad. Jorge cuenta que llegó a Madarcos hace unos años porque quería disponer de un alquiler que no fuera demasiado alto y del que no le pudieran echar. "Si hubiera seguido en mi polígono de Vallecas ya estaría muerto", asegura. Ha montado un 'ahumadero' y allí recibe piezas que le llegan de Islandia o Noruega que trata con sal y humo. Sus especialidades son el salmón, la caballa, la sardina y el atún.

Sandra tan solo lleva un año residiendo en Madarcos. Señala que vivía en el barrio madrileño de Tetuán y sentía "que le pasaba algo". Cambió su vida urbanita por este pequeño pueblo y desde entonces confiesa que no echa de menos nada de la gran ciudad. "Me ha ayudado a cambiar mi concepto de vida", destaca.