Desde el principio la investigación siempre apuntó a la expareja de Mónica, con el que convivía en el momento de la desaparición, como presunto culpable. Sin embargo, no ha sido hasta ahora cuando se ha podido probar su implicación.

Luis Avial, técnico de georradar explica cómo la unidad central de desaparecidos de los Mossos le pidió colaboración para buscar a Mónica Borrás. "Se trata de una unidad técnica y científica que recurre a especialistas cuando se complica una investigación. Ellos ya tenían sospechas sobre el crimen y el área donde podía encontrarse esta mujer", revela.

Cuenta que el cuerpo se encontró en una especie de taller donde el presunto asesino "había hecho una buena disposición de camuflaje por la disposición de los objetos que había en su interior y una colocación masiva". Los Mossos retiraron ese material el georradar detectó que en el subsuelo había una anomalía electromagnética claramente asociable a la existencia de un cuerpo humano enterrado en ese área".

Tras marcar ese punto los agentes determinaron la veracidad de la señal y a partir de ahí comenzó el trabajo del equipo forense para entender qué ha pasado con ese cuerpo.