En sus primeras declaraciones ante el juez Ana Julia Quezada rompió a llorar ante los presentes en todas sus intervenciones. Sin embargo, el día en el que conoció el veredicto del jurado se mostró contenida y no mostró ninguna emoción.

Según el experto, esa contradicción en su comportamiento denota que cuando lloraba en un primer momento lo hacía forzando esa emoción, de modo que cuando esperaba el veredicto del jurado ya no tenía que defender a nadie. "Estaba tan fría y distante de los hechos que parecía que pudiera tratarse de alguien del público", apunta Martín Ovejero.

Añade además que durante la lectura se vio a Ana Julia hacer uso de "gestos apaciguadores". "Cuando la situación de estrés de una persona se incrementa el cerebro necesita recuperar la normalidad y lo hacemos con el contacto físico. Ella se tocaba el cuello y el cabello por lo que pese a la aparente frialdad, la procesión iba por dentro", señala.

El especialista señala que cuando Ana Julia pidió perdón no funcionó porque no había tristeza en su rostro que acompañara a sus palabras de arrepentimiento. "En el lenguaje verbal podemos decir lo que queramos, pero el lenguaje facial es mucho más complicado", determina.