Teo ha perdido en tan solo un año 200 kilos. Su peso, alrededor de 400 kilos, le tenía postrado en una cama y su incapacidad le imposibilitaba para las tareas cotidianas. Ahora asegura "ser una persona nueva" que puede "hacer cosas normales como levantarme de una silla, andar, ir al parque o a la piscina".

Ya se ha fijado un nuevo objetivo, que la báscula marque 90 o 100 kilos y poder encontrar trabajo. "Todavía me queda un poco más para eso pero lo conseguiré", cuenta.

Asimismo, señala que incluso puede respirar sin necesitar una máquina de oxígeno, señal satisfactoria de su buena recuperación.