El cuerpo de la víctima apareció flotando en la piscina de su finca de Alhaurín de la Torre (Málaga). Apuñalada, con un fuerte golpe en la cabeza y con varias contusiones.

Es la misma finca donde vivía Manuel, su expareja. Este hombre siempre ha estado en el punto de mira de los investigadores. Días antes del crimen Lucía había presentado estas denuncias contra él por malos tratos.

Según la investigación, detrás de lo que parecía un crimen sentimental había una presunta trama corrupta entre agentes de la Guardia Civil de Málaga. Así lo destapó la propia Guardia Civil en un informe realizado para investigar a sus propios agentes. Y esta fue la conclusión: En la planificación del crimen había presencia de agentes directamente vinculados al tráfico de drogas.

Una trama en el que estaba presuntamente también metido Manuel, la expareja de Lucía. Según el informe, ella era testigo directo de todo.

Manuel presentó varios tickets, recibos de comida y facturas de gasolina del 30 de abril para demostrar que en ese momento estaba de viaje. Y de hecho, fue grabado por las cámaras de seguridad de una gasolinera.

Fue interrogado pero nunca hubo pruebas suficientes contra él. Una llave fue el único indicio que encontraron los agentes en el lugar del crimen. Una copia de la llave de acceso a la finca que alguien pudo facilitar al presunto asesino.

Solo un año después otro suceso sacudió la misma finca. Dos colombianos fueron abatidos por Manuel, que se atribuye la autoría y asegura que fue en defensa propia. El caso se archiva. Ahora 11 años después del asesinato de Lucía Manuel se sienta en el banquillo como presunto autor intelectual junto a varios guardias civiles.