Se tratan de cuatro carriles que se cruzan en un punto en el que se le han colocado 8 solenoides que impulsan 16 bolas, 4 por cada carril. El golpe de cada solenoide está sincronizado con el resto para evitar el choque en el centro, creando así un efecto de bolas que se cruzan sin llegar a impactar.

La electrónica consta de 8 relés para activar cada uno de los solenoides y un microcontrolador que actúa como interfaz MIDI con el ordenador, desde el cual se controlan los motores utilizando un programa de edición musical, permitiendo así regular la velocidad de disparo y sincronizar todos los solenoides de forma gráfica y sencilla.

El principal reto está en igualar la velocidad y la distancia recorrida de las bolas, así como replicar siempre el mismo golpe, creando así un patrón de disparo que se puede controlar.