La premiere de la quinta temporada dejó muy buen sabor de boca. Convertir a Tara en vampiro o entrar de lleno en los entresijos de la Autoridad fueron un acierto rotundo, pero en los siguientes episodios se ha desplegado un abanico de tramas demasiado amplio, atropellado y con resoluciones forzadas a modo de acelerón dramático.

¿Qué ha sobrado en ‘True Blood’? Tramas, tramas y tramas. Ha sido una temporada que ha pretendido abarcar demasiado y ha provocado que se dejen a grandes personajes de lado, como Lafayette, prácticamente desaparecido. La historia de Andy Bellefleur y el Ifrit ha ocupado una buena parte de la temporada y no ha tenido realmente consecuencias en ninguno de los personajes, más allá del propio Andy.  Y cuando una trama se puede eliminar sin que afecte al desarrollo de la serie es siempre sinónimo de mala señal.

Otro tanto ha ocurrido con los hombres lobo, con mucho tira y afloja de lo mismo para que al final Alcide consuma V y acabe como jefe de la manada. Una resolución que deja al espectador completamente indiferente, porque no aporta nada nuevo y se podría haber resuelto mucho antes, sin tantas idas y venidas.

Pero no todo ha sido un error. La Autoridad, Lilith y toda la locura vampiresca ha sido lo mejor de la temporada, o al menos la más original. Aunque la reaparición de Russell Edgington no haya sido tan espectacular como esperábamos. Pero ver a Bill transformado en un fanático religioso ha sido interesante al igual que saber que Eric Northon siempre seguirá fiel a sus principios.

También hemos disfrutado de Pam y sus frases legendarias. “Mi cara de enfado y mi cara de alegría son la misma”. Y así en todos los capítulos. El punto ácido y el sentido del humor de ‘True Blood’ están vivos gracias a ella.

Sookie ha estado relegada a un segundo o tercer plano. El embarazo de la actriz ha retirado a la protagonista de la primera línea. Apenas ha tenido importancia en el desarrollo global de la temporada, salvo en el último tramo con sus compañeras hadas, la investigación sobre Warlow y su reencuentro con Bill y Eric, de los que ha estado separada y apenas ha compartido secuencias.

El final, teñido de sangre
Los últimos minutos de la finale de ‘True Blood’ están plagados de glóbulos rojos. Eric se propone acabar con la Autoridad y para convencer a Bill lleva a Sookie con él, aunque no sirve para nada: Bill se ha fanatizado y se traga todo el bote de sangre sagrada. ¿El resultado? Una nueva criatura que asusta hasta al propio Eric y hace que Sookie salga corriendo al grito de su típico “fuck”.

Aunque la calidad de los efectos especiales sigue siendo excepcional, el capítulo acaba de forma brusca, y sin sensación de que estés ante la finale, como si todavía faltase un capítulo para completar la temporada. Hasta el verano próximo no sabremos qué pasa con esta nueva transformación de Bill; no hasta la sexta temporada de la serie, que estará compuesta por diez capítulos en contraposición a los doce habituales.

La sensación global es que ‘True Blood’ se ha estancado, ha perdido parte de su estilo sureño y costumbrista que nos encandiló en las primeras temporadas y ha optado por la masificación de tramas, agotando la comprensión del espectador. Lo que pase en la sexta temporada, la primera sin Alan Ball como showrunner, es toda una incógnita.