En primer lugar, tenemos a Sila, que es, por así decirlo, quien nos introduce a los espectadores en el complejo mundo de la tradición de Mardin. Fuimos testigos de su boda a punta de pistola con un completo desconocido y de su encierro en un entorno a años luz del suyo pese a estar en el mismo país.

La relación de Sila con la tradición ha sido de clara lucha y rebeldía. Combatió desde dentro al intentar evitar el matrimonio forzado de una adolescente, pero comprobó de la peor forma posible que en ese mundo muchos preferían la muerte al deshonor de incumplir lo establecido.

Fue en ese momento cuando decidió que su única salida era huir. Escapar de esa atmósfera asfixiante. Sin embargo, a pesar de que era la decisión más lógica, Sila tuvo dudas porque dejar atrás Mardin y sus costumbres decimonónicas significaba dejar atrás a Boran.

Boran, encerrado | nova

Boran, entre la espada y la pared

Boran. Su relación con la tradición es, sin duda, la más complicada de todas. Es el jefe del clan Genco, lo que lo convierte automáticamente en el defensor número uno de las costumbres del lugar, pero es también un hombre del siglo XXI al que ya se le ha caído la venda de los ojos y ya comprende que la tradición no puede justificar la infelicidad, la injusticia, la miseria o la violencia.

Boran acata la tradición al casarse con Sila, pero lo hace para salvar a su hermana de esa ley no escrita que la condenaba a muerte por huir con un hombre que no era el adecuado según su familia. Boran es el hombre que pierde el control y abusa de Silá, pero también es el hombre que busca todas las estratagemas posibles para protegerla y evitar que la maten en nombre de esa tradición que él juró proteger, pero que no duda en esquivar, ignorar o, incluso, desobedecer.

Ahora estamos en un punto clave. Sila y Boran están intentando dejar atrás los malos entendidos. Ya han comprendido que se quieren, que quieren ser una familia normal, que quieren tener una vida juntos, que están de acuerdo en luchar contra todos los obstáculos que se les presenten… Esa es su ilusión, pero ahora hay que poner en práctica ese sueño.

En otras historias, este sería el momento en que intervendrían los terceros en discordia para amargarles la vida a los protagonistas, pero aquí esos roles son casi anecdóticos. Emre lo intentó, pero pronto perdió fuerza y Gizem parece que jugará otro partido.

Aquí el rol de tercera en discordia se lo lleva la tradición. Esa tradición que los unió y que busca separarlos. ¿Tendrá Boran el suficiente poder como para proteger a Sila? ¿Regresará Sila a Mardin abandonando la moderna Estambul? ¿Será Boran quien deje su tierra para que su mujer esté más segura?

Está claro que a Sila no le importaría dinamitar todo lo que representa la tradición, y de hecho ya ha dado pequeños grandes pasos en ese sentido, pero ¿y Boran? Por ahora se ha limitado a ayudar a escapar a varias adolescentes condenadas a matrimonios pactados, pero ¿se posicionará al lado de su mujer o junto a la tradición?

Acabar con esas costumbres también significaría acabar con su forma de vida y, de alguna forma, con su herencia familiar, pero cambiar las cosas también supondría crear un legado propio y no es la primera vez que el gran jefe Boran muestra su intención de que su gente viva en otras condiciones, que tenga una mejor vida.

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Empiezan las grietas

De hecho, esa tradición que parecía irrompible e infranqueable ya tiene bastantes grietas. No sólo Boran la ha desafiado al no cumplir la sentencia del clan, sino que Celil, el gran urdidor de toda la telaraña en la que se vio envuelta Sila, también renunció a cumplir su parte de la sentencia. Y Bedar mostró públicamente sus dudas. Y Kevser, que le amargó la vida a Yesdá hasta llevarla a la tragedia, burla la tradición cada vez que habla con su hija.

Pero quizá la mayor grieta pueda venir de quien se dice defenderla más. Cihan se llena la boca hablando de cumplir la tradición y se pone como máximo gran defensor de la causa, pero no lo hace porque crea en el legado de sus ancestros. Cihan no quiere proteger la tradición. Quiere la silla de Boran y, sobre todo, quiere destruir a su primo y en la guerra de los celos, la envidia y la venganza todas las armas valen.

Ya ha empezado una guerra de guerrillas sembrando dudas sobre la capacidad de liderazgo de Boran entre su gente en Mardin, pero ¿qué pensarían en Mardin si supiesen que es el mayor traidor de la tradición porque traiciona las bases sobre las que se sustenta? La familia. El honor. El respeto.

En resumen, Sila no nos mantiene pegados a la pantalla sólo por el romance de los protagonistas. También queremos saber cómo termina esa batalla que esa relación ha provocado entre la tradición y la modernidad. Hasta ahora la tradición ha sido una sombra amenazante sobre la cabeza de gran parte de los personajes. A partir de ahora habrá que ver si sigue cobrándose víctimas o si la tradición se convierte en víctima. Se admiten apuestas. ¿Terminarán Boran y Sila con la tradición o terminará la tradición con Boran y Sila?