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‘Sortilegio’: 5 ingredientes de la pócima mágica que cautiva a la audiencia

Hay historias que siempre convencen a la audiencia. A veces hay mil razones y a veces no hay ninguna. Simplemente sucede que se combinan los ingredientes justos para crear esa pócima que cautiva a los espectadores una y otra vez. Es lo que sucede con ‘Sortilegio’, que ha vuelto a demostrar que conserva intacto su hechizo.

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La novia engañada

El punto de partida de esta historia es el engaño que sufre María José (Jacqueline Bracamontes). Ella se casa ilusionada con su novio Alejandro Lombardo, sin saber que esa boda que tan feliz la hace va a ser el inicio de su peor pesadilla y de su mejor sueño.

Será su peor pesadilla porque, en realidad, el hombre al que ella llama Alejandro y cuyo nombre consta en el acta de matrimonio es, en realidad, Bruno, que viene siendo el hermano de Alejandro. Es decir, María José se casa con su cuñado.

¿Cuál es el objetivo de tan rocambolesco engaño? Bruno ha planeado asesinar a su hermano y quedarse con su herencia presentando a María José como viuda de Alejandro y legítima heredera.

Sobra decir que el mundo de María José se desmorona cuando descubre toda esta patraña, pero, sobre todo, porque tiene que colaborar con esa mentira para evitar acabar en la cárcel por estafadora.

Sin embargo, gracias a esa pesadilla, conocerá al que sí es el hombre de sus sueños; al hombre que no la engaña, al hombre que la entiende, al hombre que la cree, al hombre que la quiere, al hombre que es capaz de todo por ella.

Alejandro, un hombre con suerte

Y ese hombre de sus sueños es el verdadero Alejandro Lombardo (William Levy), a quien podríamos calificar como un hombre con suerte o con un ángel de la guarda muy eficiente.

En primer lugar, porque Alejandro se salva del atentado ideado por Bruno. Segundo, porque algo tan ruin como que un hermano quiera matar a otro provoca algo tan positivo como que Alejandro conozca a la mujer de su vida. Tercero, porque siempre consigue esquivar todos los ataques e insidias que Bruno lanza contra él.

Es irónico que Alejandro conozca a María José cuando ya está casado con ella y es muy interesante ver las diferentes fases por las que pasa su relación. La incredulidad inicial de no recordar haberse casado con ella. El enfado por haber sido engañado. La complicidad que va surgiendo. La confianza que se va consolidando.

Porque, aunque su relación surge de un engaño, la química entre la pareja es evidente desde el primer momento. Es cierto que María José miente a Alejandro, pero él tiene la capacidad de escuchar, reflexionar, entender y perdonar. María José no quería estafar a nadie. Es más. Ella misma es engañada (y amenazada) por Bruno.

Pero, cuando las cartas están boca arriba. Cuando Alejandro confirma que nunca ha tenido amnesia y cuando María José confiesa todas las mentiras y secretos, surge una pareja que enfrenta de la mano las mil y una zancadillas que Bruno pone en su camino.

Bruno, el villano incansable

Si algo hay que reconocerle al personaje interpretado brillantemente por David Zepeda es que ha sido insistente y persistente. No se ha tomado ni un segundo de descanso en un solo capítulo. Cada vez que se le torcía uno de sus planes, enseguida activaba sus maléficas neuronas diseñando una nueva estrategia con la que conseguir su triple objetivo: hacerle todo el daño posible a Alejandro, conseguir toda la fortuna familiar y quedarse con María José.

Probablemente en esta ocasión el orden de los factores sí es importante. Bruno odia profundamente a Alejandro. Las razones de ese odio darían para todo un estudio psicológico, pero podrían resumirse en la envidia de sentirse como un mendigo al lado del príncipe de la casa. Bruno siempre fue el segundón y él se considera merecedor del trono y, de hecho, hizo cuanto estuvo en su mano para librarse del heredero.

Y a la envidia hacia su hermano hay que añadir la avaricia. Bruno no quiere las migajas que su padre le dejó como herencia. Él quiere el pastel entero y hará lo que sea por comérselo entero, aunque eso suponga arrastrar el nombre de su madre por el fango del qué dirán o poner esa empresa que tanto ansía presidir al borde de la quiebra.

A la envidia y la avaricia, habría que añadir los celos. Bruno quiere todo lo que tenga Alejandro y eso incluye a María José. Al principio, ella era solo un instrumento para alcanzar su objetivo, pero cuanto más se consolidaba la relación entre María José y Alejandro, más crecía la obsesión de Bruno.

Sin duda, la relación entre Alejandro y Bruno es uno de los grandes atractivos de esta historia. Es la lucha constante entre el bien y el mal, entre la luz y la sombra, entre la honestidad y la maldad, entre Abel y Caín. Aunque, sinceramente, en más de una ocasión parecían el Coyote y el Correcaminos. Uno siempre detrás del otro intentando destruirlo y acabando autodestruyéndose en cada intento.

Justo es reconocer que Bruno ha sido un personaje clave e imprescindible en toda esta historia. Primero, porque propició que María José y Alejandro se conociesen y, segundo, porque cuanto mayores eran sus esfuerzos por destruir esa relación, más se consolidaba.

La matriarca de los Lombardo

Pero no solo María José estaba en medio de los dos hermanos. En ese espacio intermedio y en una posición aún más incómoda estaba Victoria (Daniela Romo), madre de Bruno y madrastra de Alejandro. La diferencia entre las dos mujeres es que mientras que María José siempre se mantuvo al lado de Alejandro, Victoria siempre tuvo el corazón dividido entre su hijo biológico y ese hijastro al que quiso tanto como si lo hubiera dado a luz.

Precisamente esa es otra de las razones por las que Bruno odiaba a Alejandro. Nunca pudo comprender ni soportar que su propia madre se posicionase junto a su enemigo.

Victoria siempre intentó mediar entre los hermanos. Siempre trató de enderezar los pasos de Bruno. Siempre trató de buscar una explicación coherente a sus actos. Siempre intentó justificarlo hasta que comprendió que su odio y su rencor no tenían límites.

Pero Victoria no tuvo que lidiar solo con las constantes peleas y disputas entre los herederos Lombardo. También tuvo que hacer frente a sus propios conflictos. Y el principal fue el sentimental. Y sus sentimientos tenían nombre: Fernando (Gabriel Soto).

Que una mujer viuda quiera rehacer su vida no debería tener nada de llamativo, pero, en este caso, todo adquiere un mayor interés por el hecho de que Fernando es el mejor amigo de su hijastro, es decir, entre ambos había una sustancial diferencia de edad, algo que a él nunca le importó, pero que a ella le pesó durante demasiado tiempo. Hasta que comprendió que era mucho más feliz cuando él estaba a su lado.

Si bien María José y Alejandro se llevaron los principales focos de atención, la relación entre Victoria y Fernando no se queda atrás en momentos dulces, tiernos, intensos y apasionados. Y, además confirmó una vez más por qué Daniela Romo es una de las grandes damas de las telenovelas. Porque hace creíble absolutamente todos los personajes y secuencias que interpreta.

Las familias de uno y otra

María José y Alejandro no solo contaron con el apoyo de Victoria y la tortura de Bruno. Sus restantes familiares también se dividieron las cuotas de abrazos y bofetadas.

Llama la atención el padre de María José. El buen hombre tenía un don para meterse en problemas. Cada nueva idea que tenía para ganarse un dinero siempre terminaba torciéndose bien por mala suerte, por ignorancia o por mediación de Bruno. Más de una vez sus pasos causaron problemas a María José y más de una vez Alejandro tuvo que acudir al rescate de su suegro. Aunque lo cierto es que también tuvo la suerte de encontrarse con Chucho, que con su sombrero y su “no se me achicopale” fue ejemplo de amistad, solidaridad y sentido común.

Quien no tuvo tanta suerte a la hora de encontrar compañía fue la madre de María José. Elena (Azela Robinson) hizo acto de presencia después de años desaparecida y con su aparición sólo consiguió causar más dolor a su familia. Eso sí, propició la curiosidad de que María José sufriera amnesia, la misma enfermedad que presuntamente sufría Alejandro en los primeros compases de esta historia.

Del lado Lombardo, habría que hablar de Raquel, la más débil de la familia, la víctima fácil de los tejemanejes de Bruno y Ulises. Eso sí, a través de Raquel llegamos a uno de los personajes más interesantes de toda esta historia: Roberto, interpretado por el siempre solvente Marcelo Córdoba.

Lo conocimos como el marido vividor de Raquel, pero, al mismo tiempo, también estableció una bonita relación fraternal con Paula, la hermana de María José. No era el mejor amigo de Alejandro, pero tampoco se convirtió en incondicional de Bruno. Pero lo que hace verdaderamente especial a este personaje es que fue una de las primeras veces en las que se abordó la bisexualidad con absoluta naturalidad.

En definitiva, la combinación de una interesante historia, un brillante elenco, una cuidada producción y demás ingredientes han dado como resultado una poción mágica que consigue mantener intacto el ‘Sortilegio’ con la audiencia.

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