BETTY VE TELENOVELAS

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Sila: la historia de una mujer que retó, combatió y venció a la tradición

Fatmagül fue la reina indiscutible de las audiencias en 2018 y Sila ha heredado su corona en esta primera mitad de 2019. Son dos historias muy distintas, pero también tienen puntos comunes. Además de haber conquistado al público, comparten el tener como protagonistas a dos mujeres fuertes que se enfrentaron contra todo y contra todos para cambiar un entorno hostil.

Betty M. Martínez
  Madrid | 18/05/2019
Silá - Capítulo 79
Silá - Capítulo 79 | Atresplayer.com

Sila, la revolución de Mardin

La llegada de Sila a Mardin fue un auténtico terremoto. Era una chica de ciudad que iba a conocer a su madre biológica, a la que creía muerta, y terminó casada con un completo desconocido gracias a un concepto al que nunca había prestado excesiva atención, pero que se convirtió en determinante en su vida: la tradición.

En una de las secuencias finales Boran (Mehmet Akif Alakurt) define a Sila (Cansu Dere) como una mujer enérgica y persistente. Era la forma elegante de llamarla testaruda porque ésa ha sido su mayor cualidad y también su principal defecto.

Ha sido su mejor cualidad porque le ha servido para no rendirse en su intento de cambiar las cosas, de llevar un poco de luz a la sombría Mardin, de darles voz a las mujeres que llevaban siglos acatando lo que otros decían. Y también ha sido su peor defecto porque ha provocado que se precipitase en algunas decisiones con graves consecuencias. Sila estaba acostumbrada al trepidante ritmo de la frenética Estambul y tardó en comprender que los tiempos en Mardin iban a otra velocidad.

Boran le ayudó a comprender Mardin y también fue su mejor aliado en esa batalla contra la tradición. Si somos justos, hemos de reconocer que, aunque Sila fue un revulsivo imprescindible, el jefe del clan Genco ya había dado algunos pasos para cambiar el estatus quo. Eso sí, conocedor de los intereses de sus anquilosados homólogos, lo hizo siempre desde la discreción, el silencio y el secretismo. Boran siempre quiso cambiar las cosas, pero quería ir paso a paso. Quería una evolución. No una revolución.

Solo cuando las posiciones de Boran y Sila en su particular guerra a la tradición se encontraron en el mismo punto pudieron avanzar hacia su objetivo. Sólo cuando comprendieron que querían lo mismo pudieron enfrentar a su enemigo. Sólo cuando comprendieron que juntos eran más fuertes pudieron diseñar una estrategia ganadora.

La educación como estrategia

Y esa estrategia vencedora pasaba por fusionar sus respectivas perspectivas y provocar una revolución basada en la evolución. ¿Cómo lo lograron?

Centrando sus esfuerzos en un único punto. No fueron las armas. No fue una fábrica.

¿Cómo combatir años de falacias? ¿Cómo luchar contra costumbres anacrónicas asumidas como leyes? ¿Cómo derrotar a unos oligarcas que se aprovechan de la ignorancia para mantener sus privilegios? Con algo tan simple y, a la vez, tan importante, como es un colegio.

Dando al pueblo herramientas para no ser engañados, utilizados, humillados y explotados. Otorgándoles el poder del conocimiento para que nadie tuviera el poder de decirles qué pensar. Porque la ignorancia es el mejor campo de cultivo para convertir las ideas de unos pocos en verdades absolutas que todos deben asumir, acatar, respetar y cumplir.

Boran y Sila regalaron a los habitantes de Mardin el arma del conocimiento para luchar contra las armas de fuego, pero también los obsequiaron con el bien más precioso que puede tener un individuo y una sociedad: la libertad.

El cuento de Boran y Sila

Pero esta historia no ha sido sólo una lucha entre la brisa fresca de la libertad y la penumbra de la tradición malinterpretada. Ha sido también la historia de un amor verdadero. Ha sido la historia de un romance que empezó de la peor manera posible y acabó consolidado en una hermosa y feliz familia numerosa.

Si la lucha de puertas para afuera fue complicada, la vida de puertas adentro tampoco fue fácil. Fueron muchos los obstáculos que la pareja tuvo que superar: un matrimonio forzado, una noche aciaga de la que ninguno quiso volver a hablar, una huida que provocó una sentencia de muerte, un cúmulo de confusiones sobre posibles terceros en discordia…. Hasta que llegó un encuentro en un ventoso día en una playa. En esa escena, Boran y Sila fueron por primera vez una pareja.

Es cierto que desde entonces tuvieron sus tropiezos: la reaparición de Emre y la entrada en escena de Zeynep pusieron a prueba su matrimonio, pero apenas sacudieron las hojas del árbol que habían plantado porque las raíces siempre permanecieron firmemente asentadas en el suelo.

Es más, el gran problema de Boran y Sila nunca fueron los elementos colaterales. Sus grandes discusiones siempre partieron del mismo punto: sus graves problemas de comunicación. La cabezonería de Sila y la impasibilidad de Boran llegaron a hacernos dudar de su compatibilidad. Es cierto que Sila ha pecado más de una vez de excesivamente impulsiva, pero también es verdad que en muchas ocasiones Boran ha sido como una pared. Su tendencia al silencio hacía imposible saber qué pensaba o qué sentía. Esa incapacidad para compartir sus planes y responder preguntas (o contestar el teléfono) sólo provocan que Sila se exasperara aún más elucubrando sobre qué asuntos se traía entre manos su marido. Así, cuestiones que se podrían resolver en diez minutos nos tuvieron en vilo varios capítulos.

Pero incluso con sus respectivos ataques de celos, con sus huidas a Estambul o al palomar, con sus gritos o sus silencios, Boran y Sila siempre terminaban por encontrarse. Las manos de Boran siempre terminaban acariciando el pelo de Sila. La cabeza de Sila siempre terminaba reposando sobre el pecho de Boran. Las miradas de Sila y Boran siempre terminaban convergiendo en la cuna de Bedirhan. La luna y la tierra siempre terminaban caminando de la mano.

Los amigos y enemigos de cambio

Hay muchos otros personajes y otras historias de las que habría que hablar. De Abai, que ha sido el mejor y mayor ejemplo de lo que significa la amistad. De Cihan, que se escudaba en la tradición para ocultar su ambición y envidia hacia Boran. De Dilaver y su radical transformación de servil aliado del mal a firme defensor de Boran y los nuevos tiempos.

De Kevser, que pasó de ofender a su nuera a cada oportunidad a regalarle las joyas de la familia. De Narine, en cuyo hombro todos encontraron consuelo. De Bedar, que peleó con uñas y dientes por defender a su familia. De Dilan, a la que un día perdimos de vista y de la que nunca más supimos.

De Ali, que dictaba sentencias de muerte contra todos sin que le temblara la mano, pero al que se le quebró la voz cuando vio amenazada su vida. De Ayse, que vivió su particular infierno hasta que pudo decidir ella misma su propio destino.

¿Qué ha sido Sila? Ha sido la historia de una mujer que pasó de estar condenada a ser ejemplo a seguir. Ha sido la historia de un hombre que renunció al poder para ser marido y padre. Ha sido la historia de un amor verdadero que derrotó a la tradición. Ha sido la historia de la lucha de la educación, la libertad y el progreso por abrirse camino en medio de la ignorancia, la opresión y la miseria. Ha sido la historia de las mujeres guiando a la sociedad hacia una nueva civilización.

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