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'Paramparça': Llega Harun (Baris Falay), un nuevo elemento desestabilizador para los Gürpinar y los Gülpinar

Dicen que el aleteo de una mariposa en un punto indeterminado del planeta puede provocar una tempestad a miles de kilómetros. En el caso de los Gülpinar y los Gurpinar, la tempestad la provocó algo más prosaico: una letra. La confusión entre los dos apellidos provocó una confusión que años después causaría un cataclismo en ambas familias y, de hecho, aún están aprendiendo a convivir con las consecuencias de aquel intercambio de bebés. Ahora aparece en escena Harun, un misterioso personaje que parece tener cuentas pendientes con Cihan y que puede salpicar al resto de la familia.

¿Quién es el misterioso harun?

nova ¿Quién es el misterioso harun?

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Cihan, en el centro del huracán

Hasta ahora Cihan ha estado siempre en el centro de toda esta historia. Ha sido el gran patriarca que ha intentado acoger bajo sus protectores brazos a todos cuantos le importaban.

Pero, además, su personaje ha vivido una auténtica catarsis. Ha tenido que asumir que su "princesa" es hija de otro hombre. Ha tenido que aprender a lidiar con su rebelde y caprichosa hija biológica. Ha tenido que contener la ira de su esposa ante su deseo de abandonar su mansión-prisión. Ha tenido que gestionar sus sentimientos por Gülserem.

Y también ha caído en más de una incoherencia. Él ha podido recibir a Hazal con las puertas abiertas, pero Oskan no podía ni ver de lejos a Cansu. Él puede poner toda la maquinaria en funcionamiento para que Hazal tenga los mismos privilegios que sus otros hijos, pero también mueve mil y un hilos para que Oskan no tenga ni el más mínimo derecho sobre su hija. Es comprensible su preocupación dado el perfil de Oskan, pero su excesiva protección nos muestra que el perfecto Cihan también tiene defectos.

Y ahora, una vez más, parece estar nuevamente en el ojo de la tormenta. Aún no sabemos muy bien quién es Harun, pero sí tenemos claro que llega con un objetivo muy claro: causarle los mayores dolores de cabeza posibles a Cihan.

Fue Harun quien provocó que Candan se inmiscuyera en la demanda de Oskan por la custodia de Cansu y todos sabemos que ese ha sido un golpe muy duro para Cihan. Y, de no ser por la evidente torpeza de Oskan, podría haberlo sido aún más.

Si ese ha sido solo su primer paso. Si esa ha sido, por así decirlo, su presentación en sociedad ¿qué más está ideando? ¿Qué intenciones lo han traído al entorno de los Gurpinar? ¿de dónde viene ese rencor? ¿por qué quiere destruir a Cihan? ¿Qué secreto del pasado une a estos dos hombres? ¿Será que el respetable y respetado Cihan Gürpinar también tiene un lado oculto que desconocemos?

Y, por supuesto, si ver el duelo entre Cihan y Harun va a ser interesante, no lo será menos ver actuar juntos a Erkan Petekkaya y a Baris Falay, a quien seguimos recordando como el mítico Pinzas Ali de ‘Ezel’ o el inolvidable Selim de 'Medcezir'.

Dilara y Gülserem, guerra de madres

Solo una negligencia hospitalaria hizo posible que dos mujeres tan dispares como Dilara y Gülserem se vieran obligadas a convivir. Y su disparidad no viene determinada por su posición social o los ceros de sus cuentas corrientes. Su disparidad la determinan su carácter, su personalidad y su forma de ver y enfrentar la vida.

De hecho, ambas asumieron el intercambio de Hazal y Cansu desde diferentes perspectivas. Aunque le costó, Gülserem comprendió que Hazal estaba mejor con los Gürpinar, pero Dilara sigue tratando de digerir que Cansu sea más feliz en el humilde apartamento de su madre biológica que en la mansión con vistas al Bósforo. Cuando fue necesario, Gülserem se hizo a un lado y permitió que las dos niñas quedasen bajo la protección de paraguas Gürpinar, pero Dilara hasta cuestiona que Cansu quiera visitar a su madre cuando pasa un mal momento.

Eso sí, para ser justos, hay un elemento adicional que justifica en parte la actitud de Dilara. Su orgullo de mujer ha sufrido un duro golpe al ver como su marido caía rendido ante los ojos esmeralda de la humilde camarera. Desde ese mismo instante, Dilara sentenció a Gülserem como enemiga pública número uno.

Hubo un breve período en el que ambas mujeres parecieron firmar una tregua. Resultaba gratificante verlas codo a codo atendiendo y cuidando a Hazal en el hospital. Parecía que finalmente ambas habían comprendido que ambas eran madres de Hazal y que su hija las necesitaba a ambas.

Sin embargo, fue solo un espejismo. Dilara ha vuelto de su viaje a Estados Unidos con la susceptibilidad elevada a la máxima potencia y ha dejado en el pasado sus buenas intenciones. Dilara no quiere a Gülserem en su casa. Y, evidentemente, su actitud es comprensible. No es plato de buen gusto entrar por la puerta de tu casa y encontrarte con la mujer a la que quiere tu marido.

Hasta ahí podemos comprender la ira, la frustración y el dolor de Dilara. Pero hay otros elementos difíciles de justificar como su intento de "envenenar" a Ozan y Cansu con sus comentarios sobre Gülserem. Es cierto que su presencia en la mansión resulta incómoda, pero la primera que querría salir por la puerta es Gülserem y, si no lo hace, es única y exclusivamente por Hazal.

Es más, podemos aceptar la versión de Dilara de que Gülserem quiere quedarse con Cihan, aunque más de una vez haya puesto punto y final (más bien y seguido) a su relación. Pero donde se equivoca Dilara es en eso de que "quiere quedarse con mi vida".

Y es ahí donde nos cuesta empatizar con Dilara. En su soberbia, su orgullo y su egocentrismo. Siempre nos queda la duda de si Dilara está defendiendo su matrimonio por amor a Cihan o si lo hace por mantener intacta la imagen de familia ideal y feliz más propia de una portada de revista del corazón que de la realidad. ¿Qué le duele más a Dilara? ¿Qué Cihan la deje por otra o que todos sepan que la deja por otra?

Y, por otro lado, Gülserem parece estar en un permanente limbo. Todo indica que quiere a Cihan pero no da ni un paso adelante ni un paso atrás. Es decir, es incapaz de reconocer alto y claro que tienen una relación, pero, al mismo tiempo, se la pasa huyendo de esa presunta relación.

Porque a Gülserem le cuesta gestionar los problemas. Tiene una irritante tendencia a salir corriendo cada vez que surge algún conflicto. Sea quien sea quien la cuestiona, Gülserem huye. Huye de Keriman, de Oskan, de Dilara, de Rahmi y hasta de Cihan. Gülserem es un constante quiero y no quiero.

Es cierto que su posición es la más incómoda. A ojos del mundo es la otra, la amante, y su condición de mujer humilde y trabajadora hace que muchos le asocien automáticamente el adjetivo de interesada. Sin embargo, visto lo visto hasta ahora quizá el mejor sinónimo de Gülserem sea apática.

Gülserem ni hace ni deshace. Llora, se desespera, llora, chilla, llora, dice que no puede más, llora y sale corriendo.

Así pues, estamos en un punto clave en la guerra entre estas dos mujeres. Por un lado, Dilara parece dispuesta a quemar sus últimas naves para mantener a su familia unida. Por otro lado, Gülserem mantiene su posición de madre de Cansu y Hazal, pero siente que su lugar está cada vez más desdibujado.

Cansu y Hazal, competición de princesas

Si Gülserem y Dilara están en una evidente guerra, sus hijas están inmersas en una guerra de guerrillas. Aunque todos confiaban en que se vieran y actuaran como hermanas, desde el minuto uno fue más que evidente que no iban a alcanzar ni la categoría de amigas. Y, como sucede con sus madres, su distanciamiento viene provocado por diferentes razones.

Hazal es transparente en su rechazo a Cansu. Hazal lo quiere todo para ella. Quiere la atención de sus padres biológicos y quiere en exclusiva el puesto de princesa Gürpinar. Siente que el destino le debe todo aquello que aquella fatídica confusión le quitó. Hazal quiere los viajes, los vestidos, los caprichos y todo aquello que Cansu tuvo y ella no.

Incluso ahora está mostrando ese carácter egoísta y egocéntrico que ya conocíamos. Se está recuperando. Sus piernas empiezan a reaccionar. Pero ella guarda silencio. ¿Por qué? Porque sabe que mientras esté sentada en su silla de ruedas, será el único centro de atención. Todos vivirán pendientes de ella, de sus necesidades y de sus caprichos.

Cansu, por su parte, es todo bondad, generosidad y buena disposición. Aceptó de buena gana la llegada de Gülserem a su vida y salió feliz de la mansión para irse a vivir con ella. Es más, incluso ha intentado mitigar sus roces con Hazal, pero ahora mismo está como en tierra de nadie.

Cansu sigue siendo la princesa de Cihan, sigue en la mansión, ha esquivado la amenaza de la demanda de Oskan, pero ya no sonríe, ya no está cómoda, ya duda de quién es y de dónde está su sitio.

Así pues, son muchas las nubes que acechan el horizonte de estas familias que han visto sus caminos cruzados por un desliz del destino. Siguen teniendo en el apartado de pendientes la tarea de convivir, de soportarse, de tolerarse o, al menos, de no vivir en un conflicto constante. Porque, además, es posible que su mayor peligro acabe de llegar y que no sea la lucha de dos mujeres por el amor de un hombre o la pelea entre dos adolescentes por la atención de sus mayores.

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