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Beren Gökyildiz nos enternece en 'Mi hija' y nos emociona en 'Madre'

Hace meses que cada domingo la audiencia tiene una cita imperdible con Beren Gökyildiz en ‘Mi hija’. Semana a semana los espectadores seguimos atentos la lucha de Öykü por tener una familia junto a la que hacer frente a su grave enfermedad. Ahora, con el regreso de ‘Madre’ a las noches de Nova, se abre la oportunidad para admirar el talento de esta pequeña gran actriz por partida doble. En ‘Madre’ es Melek, una niña que no duda en huir del infierno de su casa aferrada a la mano de la única persona que no miró hacia otro lado.

Öykü y Melek, un ejemplo de madurez

Ambos personajes tienen en común mucho más que el rostro, los gestos, la expresividad y el saber hacer de Beren Gökyildiz. Ambas niñas nos muestran desde su primera aparición en pantalla que son mucho más maduras de lo que les correspondería por su edad. Desde el inicio de sus respectivas historias descubrimos su fuerza, su inteligencia y su capacidad para adaptarse a sus respectivas circunstancias.

Öykü nos mostró que posee un don especial para la orientación. Ella sola era perfectamente capaz de llegar de su casa al colegio en metro sin perderse ni una sola vez. Además, cuando se vio en una casa completamente vacía, salvo por su maleta y una carta, no entró en pánico, como sería lógico, sino que agarró su maleta y se dirigió a su destino: la casa de su padre.

En el caso de Melek, no solo va y viene sola al colegio, sino que, además, también se viste, se peina y se las ingenia para desayunar con lo poco que hay en la nevera de su casa. Eso sí, en este caso el mérito es mayor dado que estamos ante una niña mucho más pequeña.

El miedo como elemento común

Además de su sorprendente autonomía infantil, hay otro elemento que las une. Ambas viven con miedo, aunque por diferentes razones.

Öykü vive con el pánico constante a verse abandonada. Siente ese miedo desde que su tía desapareció sin dejar rastro y esa sensación no la abandonó al conocer a su padre. Öykü siempre fue muy consciente de que Demir no veía muy clara su paternidad, pero ella apostó por él y decidió confiar en ese hombre que, poco a poco, fue aceptando y asumiendo su rol de padre.

Zeynep y Melek en 'Madre' | Nova

Otra prueba de fuego para el miedo de Öykü fue su enfermedad. Su tía desapareció con el diagnóstico por lo que Öykü trató por todos los medios de ocultar esa realidad a su padre. Si su tía que la había criado desde bebé había salido huyendo, ¿qué esperar de ese desconocido que la veía sólo como una coartada para esquivar la cárcel?

Sin embargo, esta vez Öykü tuvo suerte. Pese al impacto inicial, pese al miedo, pese al dolor, Demir no solo no se fue, sino que redobló sus esfuerzos para ser el mejor padre posible para su hija.

En el caso de Melek, ella no teme el abandono. Melek no teme quedarse sola. Todo lo contrario. Melek teme la compañía. Melek tiene pavor a su familia.

Y ese pánico nos lo transmiten los ojos de Beren Gökyildiz mucho antes de que sepamos la razón de su miedo. Es absolutamente imposible quedarse impasible ante la escena de la llegada de Melek a su casa cuando ve un par de zapatos de hombre en la puerta.

Y cuando se abre esa puerta a los espectadores se nos forma un nudo en la garganta. Quisiéramos atravesar la pantalla para sacar a esa criatura de esa casa, pero solo podemos gritar mil improperios a la pantalla y secar alguna que otra lágrima que se nos escapa al ver el dolor de Melek.

La ausencia de una madre

Ni Öykü ni Melek han tenido suerte con sus respectivas madres.

Öykü creció creyendo que su madre estaba muerta, pero descubrir que estaba viva no ha sido precisamente una buena noticia. Al shock de saberse abandonada desde que era un bebé, se une que la personalidad y el carácter de Azu no han ayudado a recuperar la conexión madre – hija.

Öykü nunca vio con buenos ojos a Azu. Nunca sintió a esa mujer caótica, desordenada y alcohólica como su madre. Es cierto que quiso darle una oportunidad, pero Azu no estuvo a la altura de la generosidad de su hija ni una sola vez. Es más, en cuanto fue consciente de la situación real de la salud de Öykü y, obviamente, cuanto el dinero de la herencia paterna voló, Azu emprendió el vuelo lejos de su hija.

Para Melek la situación es bien distinta. En su caso es ella quien sale corriendo del lado de su madre en cuanto tiene una oportunidad. Porque si bien Azu fue un fantasma en la vida de Öykü, Sule ha estado muy presente, aunque también ausente a la vez. Y esa ausencia presente es lo que provoca la indignación de los espectadores.

Eso sí, pese al desamor de sus madres, tanto Öykü como Melek no terminan de perder la esperanza de que Azu y Sule las quieran. Porque mientras las madre solo piensan en sí mismas, sus hijas siguen ansiando un amor y un cariño que no consiguen recibir.

Demir y Zeynep, la esperanza

Si Demir ha sido la esperanza que ha traído luz a la vida de Öykü, Melek tiene en su profesora Zeynep a su particular ángel de la guarda.

Demir y Öykü en 'Mi hija' | antena3.com

Demir se vio obligado por las circunstancias a hacerse cargo de Öykü. Y, si somos justos, en un principio lo hizo desde un punto de vista egoísta. Cuidar de la mocosa suponía esquivar la cárcel. Y, si recordamos, sus primeros días de convivencia no es que fueran muy familiares que digamos. Demir nunca trató mal a Öykü, pero le costó algún tiempo dejar de ser su “tutor” para convertirse en su “padre”.

Es más, casi podría decirse que Öykü siempre apostó más por su relación paterno-filial que el propio Demir.

Melek, sin embargo, encuentra una salida en el infierno de la mano de su profesora. Alguien que no tenía ninguna obligación de cuidarla. Alguien que podría haber pasado de largo sin prestar atención a la niña. Alguien que no tendría por qué asumir la responsabilidad de protegerla. Alguien que decide ponerse a sí misma en peligro con tal de salvar a Melek del infierno en el que vive.

Y en eso tanto Öykü como Melek han tenido suerte. Ambas se han encontrado en su camino con dos buenas personas dispuestas a todo con tal de cuidarlas, protegerlas, acompañarlas y, sobre todo, quererlas. Porque tanto Demir como Zeynep harán cuanto esté en sus manos por sus pequeñas hijas.

Demir buscará la forma de estar cerca de Öykü. Para agarrarla de la mano y acompañarla en el duro reto que supone su enfermedad.

Zeynep buscará la forma de mantener a Melek a su lado, aunque para eso tenga que pasarse la vida huyendo, mirando hacia atrás y temiendo el día en que se descubra el crimen que ha cometido.

Beren Gökyildiz muestra una gran conexión con sus compañeros adultos. La complicidad con Buğra Gülsoy es incuestionable tanto en los momentos más dramáticos como en las situaciones más cómicas.

De su relación con Cansu Dere, solo hay que decir que cada mirada dice mucho más que cualquier frase.

Tampoco podemos perder de vista a otros personajes que también actúan como salvavidas de las pequeñas. Öykü cuenta con la incondicional Candan, que siempre acude al rescate en cuanto suena su teléfono. Además, tiene siempre dispuesto el regazo de la abuela Mufidé y la mano del tío Ugur.

Por su lado, Melek sabe que en casa de la señora Torpe nunca falta un plato de sopa preparado para ella y que la tía Duru será su mejor cómplice.

Y todo el cariño y el amor que les dan estos personajes va a ser fundamental para superar todos los problemas que les causan los malos de estas historias. Öykü ya empieza a darse cuenta de que Cemal es todo menos un amigo de su padre y Melek tiene muy claro que Cengiz debe estar lo más lejos posible de ella.

Tanto Öykü como Melek se enfrentan a situaciones demasiado complicadas, dolorosas e inadecuadas para su edad, pero ambas muestran una admirable fortaleza.

Y, sobre todo, ambas consiguen que los espectadores estemos siempre pendientes de ellas. Pese a todos los peligros y problemas que las acechan, desde nuestro lado de la pantalla los espectadores nunca las dejaremos solas.

Siempre estamos dispuestos para abrazarlas cuando necesitan consuelo. Siempre estamos dispuestos para alertarlas cuando algún peligro las ronda. Siempre estamos dispuestos para compartir sus momentos de alegría y felicidad. Siempre estamos dispuestos con un pañuelo en la mano para secar sus lágrimas.

Y, sobre todo, siempre estamos dispuestos para aplaudir el impresionante trabajo interpretativo que realiza Beren Gökyildiz.

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