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Personas criticonas: ¿Cómo gestionarlas?

¿Conoces a alguien que nunca para de despotricar? Te explicamos de dónde viene este comportamiento y como lidiar con él.

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Esa negatividad puede afectar a nuestro estado de ánimo

Quien más quien menos se ha visto obligado a lidiar en algún momento de su vida con alguna persona criticona o permanentemente anclada en la queja, ya sea en el ámbito familiar, social o laboral. De hecho, es en el trabajo donde se suele dar más esta situación, ya que en ocasiones nos toca irremediablemente pasar mucho tiempo con alguien que no deja títere con cabeza en ningún momento.

Esta situación afecta más de la cuenta a aquellas personas que día tras día reciben toda esa carga negativa sin saber a veces cómo gestionarla y sin darse cuenta de que la negatividad puede afectar también a su estado de ánimo en el resto de esferas de su vida. De hecho, los datos avalan que trabajar en un buen ambiente no solo mejora la predisposición al trabajo, sino también la productividad. Según un estudio de Bizneo HR, compañía experta en software de recursos humanos, los equipos formados por amigos son hasta un 12% más productivos.

Esto puede extrapolarse a otros ámbitos de la vida, como el personal o el familiar, en que en muchas ocasiones nos toca lidiar con una persona negativa, cuya conducta enrarece el ambiente, y no sabemos cómo hacerlo.

Grupo de amigos
Grupo de amigos | Envato

Antes que nada, ¿de dónde viene este comportamiento?

"En primer lugar, es importante entender de dónde viene este comportamiento. La psicología conductista explica este tipo de fenómeno desde el aprendizaje, ya que estas personas se han visto reforzadas a lo largo de su vida por tener este tipo de conductas. Desde una perspectiva psicodinámica, podríamos decir que las personas que están constantemente quejándose buscan una respuesta, y algunas teorías incluso establecen que puede ser una especie de proyección de las propias carencias", señala Alberto Álamo, psicólogo y sexólogo de Psiko, una clínica de psicología on-line. Álamo habla de los llamados "reforzadores sociales" para explicar, en buena parte, la conducta de estas personas.

"El reforzador más potente que tenemos si quitamos los básicos como agua, comida o descanso, que compartimos con el reino animal, son los reforzadores sociales, y el más importante es, sin duda, la atención –explica Álamo–. Cuando alguien se instala en la queja permanente o en la crítica constante, en realidad está buscando este refuerzo. Si además su interlocutor le da la razón, cosa que muchas veces hacemos por puro desconocimiento, existe un doble refuerzo que dificultará que se revierta la situación".

Para Álamo, evitar a alguien así en el ámbito laboral es especialmente complicado porque es, probablemente, el lugar en el que tenemos menos escapatoria. "Muchos mandos intermedios que no pueden expresarse libremente con sus superiores a menudo se desahogan con los que están al mismo nivel e incluso por debajo de ellos, y aunque muchas veces les escuchamos por pura supervivencia lo cierto es que es más fácil de lo que creemos dejarnos llevar por esa actitud y que al final nos acabe afectando", señala.

Estados de ánimo
Estados de ánimo | Envato

¿Cómo lidiar con una persona criticona?

Hay diversas maneras de reconducir una situación en que la negatividad se apropia del ambiente, y la más clara es, evidentemente, escapar de ella. Al final se trata de pasar el menor tiempo posible junto a personas que tienden a despotricar de los demás y buscar compañías de otras más alegres y positivas. Puede ser relativamente fácil en el ámbito social, donde al fin y al cabo somos nosotros quienes elegimos nuestras amistades, y algo más complicado en el familiar o laboral.

En cualquier caso, es fundamental aprovechar el margen que tengamos de maniobra, por pequeño que sea, para tratar de buscar entornos en los que nos sintamos más cómodos. Álamo también recomienda contrarrestar la exposición a este tipo de ambientes tóxicos buscando actividades relajantes cuando salgamos de ellos. "Suena tópico, pero todos sabemos cuáles son las cosas que nos hacen sentir bien y cambian nuestro estado de ánimo: deporte, un baño, un café al llegar del trabajo, una serie... Lo que sea para, de alguna manera, poder pasar pantalla", aconseja.

Otra opción para tratar de manejar a este tipo de personas es emplear la comunicación asertiva, algo que a menudo cuesta y que en muchas ocasiones debe trabajarse. La idea es poder comunicar de forma clara, honesta y directa que no nos sentimos cómodos en esta situación y que preferimos buscar temas de conversación más neutros.

"No suele ser fácil que estas personas cambien, ya que cuando alguien está anclado en la queja y esta queja se le valida lo más fácil es seguir con la misma dinámica, ya que de alguna manera funciona", explica el psicólogo. Hay diferentes maneras de practicar la comunicación asertiva y una de ellas, para quien sabe manejarla, es el humor, que nos permite escabullirnos de situaciones incómodas sin que acabemos siendo nosotros, al final, el blanco de las críticas. De hecho, este es el motivo por el que muchas personas acaban validando la conducta de los criticones: el temor a ser ellos la próxima víctima, el deseo de evitar cualquier tipo de conflicto.

Por último, Álamo destaca que la queja en sí no es mala, pero que a veces sí lo es la manera de gestionarla, además de que en ocasiones deriva en críticas exacerbadas y absolutamente injustas hacia cualquier persona que se cruce en el camino de estas personas. "Hay que diferenciar entre quejarse y criticar –explica el psicólogo y sexólogo–, ya que en muchas ocasiones la queja es necesaria y puede funcionar como catarsis. Otra cosa son esas personas que constantemente están buscando espacios para criticar, lo que suele dar lugar a que quienes les rodean acaben dejándose llevar más de la cuenta por esa actitud".

Si tenemos alguna cerca, nada mejor que buscar espacios para alejarnos de ella (no sentarnos a su lado, comer en turnos diferentes, evitar las conversaciones a solas...) y, llegado el caso, aprender a decirles de forma firme pero educada que no estamos dispuestos a ir hacia donde, tal vez de forma totalmente irracional, pretenden conducirnos.

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