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En invierno se entrena diferente: cómo hacer deporte para notar resultados
Aunque cuesta creer, el entrenamiento debe ser diferente en verano que en invierno porque nuestro cuerpo reacciona diferente frente a las diferentes temperaturas. Te cuento qué debes de tener en cuenta en los meses de frío para obtener resultados mejores.

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El momento del año en el que entrenamos determina el modo en que tenemos que ejercitarnos. El cuerpo no reacciona igual ante los diferentes estímulos y, si no tenemos esto en cuenta, los objetivos tardarán un poco más en llegar.
Podremos seguir mejorando, pero si deseamos conseguir los máximos beneficios, algo realmente eficaz es adaptarnos a la temporada en que nos hallemos. Estas cinco adaptaciones nos devolverán mejores resultados:
Ganar masa muscular
Nuestros más antiguos ancestros incrementaban su peso en invierno por necesidad: para poder sobrevivir. Es un momento en que el organismo quema más calorías para calentar el cuerpo. La sociedad ha evolucionado mucho, y las viviendas nos resguardan de las inclemencias que en otros momentos determinaban nuestro porvenir. Sin embargo, el ser humano sigue acumulando más calorías, por pura biología, en esta época del año.

Es el momento perfecto para aprovechar a ganar mayor masa muscular. Esto implica adaptar el entrenamiento y la alimentación para que este periodo, que llega hasta la primavera, reforcemos nuestra musculatura.
Pérdida de grasa
Dado que en esta época nuestro cuerpo tiende a acumular más peso, no nos encontraríamos en el mejor momento para perder peso graso. Esto no quiere decir que nos abandonemos y lo dejemos para más adelante, ya que en ese caso acabaremos acumulando más aún y no podremos conseguir el objetivo.
Si tu intención es perder grasa, es importante incidir en el entrenamiento de fuerza. Esto nos permite ganar masa muscular y, gracias a ella, aumentar nuestro metabolismo basal y quemar más calorías incluso en reposo.
Lo ideal es complementar todo ello con ejercicio cardiovascular para mejorar nuestra capacidad aeróbica y consumir mayor número de calorías durante el ejercicio.
Depende de cuánto quieras perder y del punto en el que te encuentres, podrás perder más o menos peso, pero hay que ser conscientes de que, en todo caso, nos costará un poco más que a partir de la primavera.

Calentamiento
Cuando notamos frío, todos vamos más encogidos y con la musculatura en tensión. Entrenar sin calentar está muy desaconsejado, y menos aún en estas condiciones térmicas, por el mayor riesgo de lesión.
Para poder entrenar bien, es necesario hacer un buen calentamiento. Esto quiere decir que, al finalizarlo, tenemos que sentir el cuerpo preparado para realizar cualquier ejercicio, independientemente de su intensidad.
Por ello, durante el calentamiento tenemos que activar la musculatura acorde a los ejercicios que vamos a realizar. En invierno, su intensidad tiene que aumentar de forma más progresiva, y necesitaremos probablemente más tiempo para conseguirlo que en verano.
Es recomendable empezar con ejercicios más analíticos, en los que vayas calentando menos músculos de forma simultánea. Y, de ahí, evolucionar e ir involucrando más músculos, hasta realizar ejercicios globales como la sentadilla.

Horas de luz
Durante el invierno, tenemos menos horas de sol y los días nublados dificultan disfrutar de una visión segura y una temperatura adecuada durante más tiempo. Si tus obligaciones te lo permiten y puedes entrenar al aire libre, busca esos momentos en los que el sol aún no se ha puesto.
En verano buscamos todo lo contrario, es decir, la primera hora de la mañana o última hora del día, para evitar las horas más calurosas. Seguir esta pauta ahora es menos aconsejable porque hace más frío, puede haber zonas heladas y, como hemos comentado, no dispondremos de la luz del sol.
El sol nos aporta grandes beneficios como el aumento de la vitamina D y la mejora del estado de ánimo. Por ello, en este momento del año es mejor entrenar en horas más centrales del día.
Hidratación
Hacer ejercicio implica sudar, y esa pérdida de líquido se repone con agua, lo que mantiene el equilibrio del organismo. Con el calor, el sudor es más abundante. En invierno, nuestro organismo no elimina tantos líquidos, pero reponerlos e hidratarnos durante el ejercicio es necesario en cualquier época del año. Eso sí: la ingesta necesaria es diferente.
Esto es más relevante si hacemos ejercicio en la calle, dado que no necesitamos planificar tan minuciosamente dónde beber. Por ejemplo, si te gusta correr, montar en bici o hacer largas caminatas, puedes organizar tu recorrido sin llevar mucha agua o sin tener que pasar por muchos puntos en los que haya una fuente disponible.
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