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Día de Reyes sin los hijos: cuando el divorcio te obliga a perderte cosas muy importantes
El día de Reyes está asociado a la ilusión compartida y a los rituales familiares, pero tras un divorcio no siempre es posible vivirlo con los hijos. Para muchas madres y padres, esa ausencia no es solo logística: es una experiencia emocional profunda que remueve duelos, culpas y sentimientos difíciles de explicar.

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La mañana de Reyes siempre ha sido sinónimo de ilusión, nervios y rituales compartidos. Sin embargo, tras un divorcio o una separación, muchas madres y padres descubren que no todos los años podrán vivir ese momento con sus hijos. Y aunque se asuma como parte del acuerdo, el impacto emocional suele ser mayor de lo que se reconoce.
Porque perderse el día de Reyes no es solo perder una fecha en el calendario: es perder una escena cargada de significado emocional.
Reyes sin los hijos: cuando la ausencia duele más de lo esperado
A menudo, las personas divorciadas se preparan mentalmente para "ceder" días especiales. Saben que es lo justo, lo pactado y lo mejor para los niños. Sin embargo, cuando llega ese 6 de enero sin ellos, aparecen emociones difíciles de anticipar. Algunos ejemplos son los siguientes:
- Tristeza profunda al imaginar lo que se están perdiendo.
- Sensación de vacío en casa.
- Envidia silenciosa hacia quien sí está con los hijos ese día.
- Culpa por sentirse mal ("debería estar acostumbrándome").
- Rabia o sensación de injusticia.
Nada de esto significa que no se haya elaborado el divorcio. Significa que eres una madre o un padre implicado emocionalmente.

El duelo invisible de los momentos no vividos
En psicología existe el concepto de "duelos ambiguos": pérdidas que no son definitivas, pero que se repiten una y otra vez. El día de Reyes sin los hijos es un ejemplo claro.
- No has perdido a tus hijos, pero sí:
- Has perdido la posibilidad de compartir ciertos rituales.
- Has perdido espontaneidad.
- Has perdido el “estar siempre” en fechas clave.
Y eso genera un dolor real, aunque socialmente se minimice con frases como: "bueno, al menos los tienes otros días" o "es solo un día" o "lo importante es que ellos estarán bien".
Sí, probablemente los niños estén bien. Pero tú también tienes derecho a sentir. Por ejemplo: una paciente, María, madre de dos niños de 6 y 9 años, sabía desde hacía meses que ese año no le tocaba Reyes. Aun así, la noche del 5 de enero se encontró llorando sin poder dormir. "No es solo no verlos abrir regalos, es no poder abrazarlos en ese momento". Lo que le dolía no era el acuerdo, sino el simbolismo.

Reyes en padres divorciados o separados: Qué no ayuda en estos casos
Hay reacciones habituales que, aunque bienintencionadas, suelen empeorar el malestar. Algunas de estas reacciones son las siguientes:
- Forzarte a "estar bien".
- Compararte con otras personas divorciadas que "lo llevan mejor".
- Llenar el día de planes solo para no sentir.
- Pensar que expresar tristeza es perjudicial para tus hijos.
- Evitar el dolor no lo hace desaparecer; solo lo aplaza.
Qué sí puede ayudarte a transitar el día de Reyes en padres separados o divorciados
No se trata de eliminar la tristeza, sino de acompañarla de forma más saludable. Algunas claves útiles son las siguientes:
- Ponle nombre a lo que sientes. No es debilidad, es duelo.
- Anticípate emocionalmente. Saber que será un día difícil te permite cuidarte mejor.
- Crea un pequeño ritual alternativo. Por ejemplo: escribirles una carta para cuando vuelvan o preparar un detalle simbólico para entregar otro día.
- Permítete estar triste sin dramatizar. No pasa nada porque ese día sea más lento.
- Evita el aislamiento absoluto. No es lo mismo elegir estar solo que encerrarte en el dolor.
Por ejemplo: un paciente, Javier, decidió mantener su propio "día de Reyes diferido". Cuando sus hijas volvieron a casa, abrieron juntos un regalo que había guardado y compartieron un desayuno especial. No sustituyó el 6 de enero, pero creó un recuerdo propio, con significado.

La comunicación con los hijos ante el día de Reyes separados
Muchos padres temen que los niños noten su tristeza. La clave no es ocultarla, sino regularla. Una respuesta sana puede ser: "claro que me habría gustado estar contigo hoy, pero me alegra saber que lo has pasado bien. Ya tendremos nuestro momento juntos".
Así puedes transmites amor, estabilidad y seguridad emocional, sin cargarles con tu dolor ni fingir indiferencia.
En conclusión, el divorcio no solo reordena calendarios, sino que reordena vínculos, rutinas y expectativas emocionales. Y eso lleva tiempo. Sentirte mal un día de Reyes sin tus hijos no significa que estés anclado en el pasado, ni que el proceso esté "mal llevado".
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Significa que hay fechas que tocan fibras profundas. Acompañarte con compasión, permitirte sentir y construir nuevos significados no borra la pérdida, pero la hace más llevadera. Porque ser un buen padre o una buena madre también incluye aprender a sostener lo que duele cuando no toca estar. Y recuerda que si necesitas ayuda, siempre puedes pedir tu primera cita con un psicólogo para llevarlo mejor y empezar tu camino de crecimiento personal.
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