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¿JOVEN HASTA CUÁNDO?

Así cambia tu cuerpo a partir de los 35 años

¿Tienes dolores con mayor frecuencia y notas que tu cuerpo no responde como antes? Te explico por qué te ocurre y qué puedes hacer para revertirlo.

Así cambia tu cuerpo a partir de los 35 años

iStock Así cambia tu cuerpo a partir de los 35 años

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No existe una edad específica en la que todas nuestras capacidades (fuerza, resistencia, flexibilidad…) y la fisiología (músculo, metabolismo, densidad ósea…) empiecen a caer significativamente, pero es cierto que a partir de los 35 años podemos empezar a percibir ciertos cambios.

Uno de los factores que afecta al metabolismo es la masa muscular. Una mayor cantidad de músculo quema más calorías, pero a partir de los 30 años comenzamos a perder músculo de forma progresiva, con la consiguiente pérdida de fuerza. Por lo tanto, no entrenar fuerza sí puede hacernos sentir el paso de los años, además de ocasionar lesiones o molestias, con especial frecuencia de los dolores de espalda.

Afortunadamente, las posibles carencias en esta edad se pueden prevenir con un buen entrenamiento.

¿Hasta qué edad es posible mantener joven nuestro cuerpo?

Un estudio reciente ha demostrado que el metabolismo se mantiene bastante estable entre los 20 y los 60 años. Los cambios que se puedan notar en este sentido pueden ser debidos a modificaciones en los niveles de actividad (tanto laboral, como de ejercicio físico), en los alimentos que se ingieren, en la cantidad y calidad del sueño, en las características del lugar de residencia, etc.

Siendo activo, es posible tener a los 55-60 años la misma funcionalidad que una persona de 20-30 años que no hace ejercicio, una idea que cuando nos acercamos a cierta edad comienza a sonar realmente atractiva.

La diferencia entre el estado físico de una persona sedentaria y otra que practica ejercicio habitualmente se observa a la perfección en esta gráfica, con datos extraídos de McArdle y col. (1996).

Datos extraídos de McArdle y col. (1996)
Datos extraídos de McArdle y col. (1996) | Recursos propoios Javier G.

En ella se observa una diferencia evidente entre las personas que han mantenido una vida activa y las que no han hecho ejercicio ni en su juventud.

El mejor estado físico de la persona sedentaria experimenta un pico a los 30 años y comienza a retroceder a partir de ese momento. El comportamiento es similar en las personas activas, con la diferencia de que estas útimas, a edades mucho más avanzadas, mantienen un nivel físico equivalente a los mejores años de una persona sin actividad.

Cómo cuidar nuestros huesos

La densidad mineral ósea alcanza su pico máximo aproximadamente a los 30 años, manteniéndose durante una década y reduciéndose de forma paulatina en los años posteriores. La evolución de esta pérdida de densidad mineral ósea puede llevar a la osteoporosis, con los consecuentes riesgos de caídas y fracturas de hueso.

Por suerte también podemos prevenir su aparición o ralentizar su evolución. Está demostrado que el ejercicio físico tiene un papel fundamental, aunque es muy importante ajustarlo a las características de cada persona. Por poner un ejemplo concreto, la natación puede ser una muy buena alternativa para personas con una osteoporosis grave, pero no ser la mejor opción para una persona con osteoporosis leve.

Cómo mantener nuestra flexibilidad

Esta capacidad que sufre una disminución significativa a partir de los 35 años y, si no se entrena, puede ser percibida en pequeños detalles como en la reducción de movilidad al ponernos el abrigo o al peinarnos, en los dolores de espalda, en las lesiones musculares…

Parte de la pérdida de flexibilidad se ve incrementada por la escasa importancia que la población le suele conceder. Entrenándola habitualmente es posible reducir esa caída al mínimo.

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