SEXUALIDAD SIN TABÚES

10 mitos sobre el deseo sexual femenino que seguimos creyendo y no son ciertos

La red social Wyylde desmonta los mitos más extendidos sobre el deseo sexual femenino y recuerda que no es lineal, ni automático, ni igual para todas.

Mujer en la cama

Mujer en la camaFreepik

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Durante décadas se ha hablado del deseo sexual femenino como si fuera un misterio indescifrable. Se ha comparado con el masculino, se ha dado por hecho que debería ser espontáneo y constante y, cuando no aparece, muchas mujeres han sentido culpa o han pensado que algo iba mal.

Pero quizá el problema no está en el deseo. Está en cómo lo hemos entendido y en cómo lo hemos aceptado socialmente.

Desde Wyylde, la red social para explorar la sexualidad sin tabúes —que ha sumado más de 200.000 usuarios en España en los últimos tres años y donde el 50% de la base son mujeres— han querido poner sobre la mesa algunas de las creencias más repetidas sobre el deseo femenino.

"Lo que va mal es homogeneizar, es pensar que el deseo es igual para todas las personas y no tener en cuenta las particularidades de cada cual", explica la sexóloga de la plataforma, Arola Poch. Y esa frase ya desmonta mucho nuestro imaginario.

Mujer en la cama
Mujer en la cama | Freepik

Los mitos más extendidos

1. El deseo siempre es espontáneo

Nos han hecho creer que el deseo debería aparecer porque sí, antes incluso de cualquier contacto. Pero no siempre funciona así. Muchas mujeres experimentan lo que se conoce como deseo reactivo: aparece durante la interacción, no antes. Y eso también es normal.

2. Si no tengo deseo, algo falla en mi relación

El deseo fluctúa. El estrés, el cansancio, la carga mental o la desconexión emocional influyen. No es una línea recta ni permanente. Que disminuya en determinados momentos no significa automáticamente que la relación esté mal.

3. Si tengo menos deseo que mi pareja, el problema es mío

En la mayoría de relaciones no coinciden los niveles de deseo. Y eso no convierte a nadie en "defectuoso". No es una obligación ajustarse al ritmo del otro, sino hablar y encontrar puntos en común.

Mujer triste sentada en la cama
Mujer triste sentada en la cama | Freepik

4. Sentirse deseada debería ser suficiente

Sentirse atractiva o deseada puede influir, pero no activa el deseo por sí solo. El deseo nace también de la conexión con una misma, del contexto, del bienestar emocional. No somos objetos pasivos del deseo ajeno.

5. Si siempre lo hemos hecho igual, debería seguir funcionando

La monotonía puede afectar, pero no siempre. Si hay placer, conexión y complicidad, repetir dinámicas no tiene por qué apagar el deseo. Lo importante no es solo la novedad, sino la calidad de la experiencia.

6. Cuanto más sexo, más deseo

Es verdad que la actividad sexual puede estimular el interés (el famoso "el sexo llama al sexo"), pero no es una regla matemática. La calidad pesa más que la cantidad. El deseo crece con la curiosidad y el disfrute, no por el simple hecho de hacer.

7. Las fantasías revelan lo que realmente quieres hacer

No necesariamente. Las fantasías son escenarios mentales que excitan, pero no siempre se desean llevar a la práctica. Fantasear no implica querer convertirlo en realidad.

8. Con la menopausia desaparece el deseo

El deseo evoluciona, pero no desaparece automáticamente. Cambian los ritmos, los estímulos y las prioridades, pero sigue existiendo. Pensar que termina es otro prejuicio más, va todo mucho más allá, depende de diversos factores, circunstancias vitales, intereses...

9. El deseo femenino siempre está ligado al romanticismo

No. Las mujeres también pueden desear encuentros esporádicos, una noche de sexo sin compromiso. Asociar deseo femenino con romanticismo perpetúa un estereotipo que limita y condiciona el deseo.

10. Las mujeres tienen menos ganas que los hombres

El deseo no depende del género, sino de la persona y sus circunstancias. Además, no funciona igual en todos los cuerpos. Medirlo desde un único patrón es simplificar algo mucho más complejo.

Pareja en la cama
Pareja en la cama | Freepik

Hablar de deseo sin culpa

Quizá el mayor mito es pensar que el deseo debe ajustarse a una norma. Pero no hay una única forma de sentirlo, ni un ritmo correcto. Aceptar que el deseo sexual femenino es diverso, cambiante y personal es un paso hacia una sexualidad más libre y menos cargada de expectativas ajenas.

Porque cuando dejamos de compararlo, empezamos a entenderlo como una sensación y una experiencia única para cada mujer. De esta manera lograremos que desaparezca la culpa... y aparezca el disfrute.

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