Después de usar una sartén o una olla solemos poner los utensilios a remojo para eliminar todos los restos de grasa, aceite y suciedad, evitando de esta manera que se peguen a la superficie del material. Sin embargo, hacer esto no solo es altamente perjudicial para las tuberías sino que, además, termina dañando irreparablemente la batería de la cocina. Pero, ¿por qué?

Por lo general, para dejar espacio en los fogones u encimera al terminar de freír o cocinar algo en la sartén, acostumbramos a introducir el utensilio en el fregadero. Además, poner en remojo la sartén va a facilitar bastante la posterior tarea de fregar. Aunque al hacer esto, sin saberlo, estamos contribuyendo poco a poco a la avería de estos utensilios de cocina.

Efectivamente, si alguna vez te has encontrado con que una sartén, olla o cazuela está deformada, agrietada o ha perdido parte de su material, especialmente por la parte inferior, seguramente se deba a que ha sido puesta en remojo con agua fría nada más terminar de usarla. Te contamos el motivo por el que ocurre esto en el vídeo superior.

Para evitar que la sartén se estropee, lo ideal es dejarla enfriar a temperatura ambiente. Si necesitas espacio en los hornillos, colócala con un salvamanteles en otro lugar, o sobre una encimera resistente al calor, como el granito. Por otro lado, si lo que quieres es evitar que la comida, grasa o aceite se queden pegados a la superficie de la sartén, puedes ponerla a remojo, pero asegúrate siempre que el agua no esté fría. De este modo, conseguirás que la batería de tu cocina se conserve en las mejores condiciones posibles y ningún utensilio quede obsoleto antes de tiempo.

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