El verano ya está aquí, y con él ha llegado calor y la temporada de piscina y playa. Mientras muchos niños aprenden a nadar, los padres suelen estar preocupados debido a las escandalosas cifras de ahogamiento que se registran cada año: el pasado 2018 fallecieron 470 personas por ahogamientos, y la gran mayoría eran menores según documenta www.ahogamiento.com.

Por este motivo, un flotador puede parecer una buena opción para minimizar riesgos. Mucho cuidado, la OCU advierte que no todos los flotadores protegen de la misma manera e, incluso, el uso de determinados diseños puede resultar contraproducente.

Para empezar, las herramientas para aprender a nadar deben contar con doble cámara de aire, hebillas de doble cierre y una válvula anti-retorno, para que sea capaz de retener el 75% del aire dos minutos si esta se abre. Dentro de estos márgenes, estos son los utensilios que mejor protegen a los más pequeños en sus primeros chapuzones según la OCU:

1. Los manguitos: son muy sencillos de utilizar, pero deben estar bien colocados, cerca del hombro para que no se salgan. Son muy populares, pero a la hora de aprender dificultan los movimientos.

2. El flotador: pueden ser eficaces, pero es imprescindible leer y hacer caso a las instrucciones. El niño debe sujetar ya la cabeza por sí mismo y si llevan braguita para bebés, mejor.

3. La burbuja: es importante ajustarla a la parte del torax, lejos de la cintura para evitar que el niño pueda darse la vuelta y quedar boca abajo en el agua. Esta es una buena opción, pero sólo si el niño tiene más de dos años. Son muy prácticas cuando se tiene cierta técnica en la posición de natación.

4. El chaleco: debe coincidir con la talla del niño, que no quede ni muy ancho ni muy ajustado. Es el medio que tiene mejor ajuste y flotabilidad, además de facilitar la acción de nadar al dejar los brazos libres. Es el método que más protección proporciona, por lo que la opción más recomendable si el menor no sabe nadar.

Asimismo, la OCU también advierte del peligro de ciertos utensilios acuáticos que, lejos de proteger a los menores, aumentan los riesgos de accidente. El ejemplo más sonado son los famosos flotadores con formas de animales y comida, como los unicornios o los flamencos que están tan de moda y que invaden Instagram cada verano.

No están diseñados para proteger, sino para ser un mero accesorio de piscina, un juguete. Además, es muy importante fijarnos en el material con el que se han fabricado, pues muchos incluyen grandes cantidades de ftalatos, que pueden ser muy peligrosos para los niños si chupan el flotador.

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