El orgasmo nos preocupa y siempre está presente en nuestras conversaciones sobre sexualidad. Queremos saber cómo tener más orgasmos, qué tipos de orgasmos existen, cuáles son los mejores trucos para alcanzar un buen orgasmo y siempre estamos expectantes por saber más sobre los orgasmos múltiples.

En nuestra sociedad el orgasmo tiene un papel muy importante dentro de las relaciones sexuales y es que para muchas personas es lo que determina si un encuentro erótico ha sido realmente satisfactorio o no. Nos ponemos el orgasmo como meta de las relaciones sexuales, como fin último y para ello intentamos comprender cómo funciona nuestro cuerpo para alcanzar el mejor orgasmo. Sin embargo, los orgasmos son sólo una parte de nuestros encuentros y en ese camino que recorremos hasta el clímax, hay mucho placer y un momento determinante, el orgasto.

Para alcanzar ese tan deseado momento de placer, el clímax, los juegos, la excitación y dar valor a todo nuestro cuerpo y mente así como el orgasto, es imprescindible

¿Qué es el orgasto y en qué se diferencia del orgasmo?

Es probable que nunca hayas escuchado esta palabra. Crea bastante confusión porque se parece a orgasmo, pero no son lo mismo. Sin embargo están íntimamente relacionados. El orgasto es el desencadenante que sucede antes de tener lo que llamamos orgasmo. Para que nos quede más claro, es esa sensación previa que sentimos antes del placer. Es como la señal de alarma, el aviso que nos indica que el orgasmo va a llegar. Si te paras a pensar, seguro que en tus relaciones sexuales, antes de tener un orgasmo sientes diferentes reacciones físicas como la contracción del útero, aumento de lubricación, y una sensación que te invade y que tú sabes, porque ya lo tienes identificado, que es lo que te indica que estás a punto de tener un orgasmo. Alexandra Carretero, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, deporte y readaptación, ha hecho un profundo trabajo para mostrar el papel que el orgasto tiene en nuestro placer. Nos acalara que “El orgasto es un reflejo (reflejo urogenital) que ocurre cuando se desencadena el orgasmo”. Sí, es un reflejo como el que hacemos al quitar la mano al quemarnos. No lo pensamos, simplemente ya lo tenemos programado, como nos explica la experta.

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“Cuando llegamos al orgasmo, aparece el reflejo de orgasto en la región genital. Son contracciones rítmicas de la musculatura estriada del suelo pélvico, tanto en mujeres como hombres” aclara.

Cualquier persona puede sentirlo salvo personas con una lesión medular grave. La razón es que “El orgasto es un reflejo que ocurre a nivel de la médula espinal, en los niveles sacros” y por ello, “Hay casos como es el de una lesión medular en los que las rutas pueden estar comprometidas, pero esto no quiere decir que no se pueda sentir un orgasmo”.

En cuanto a su relación con el estado del suelo pélvico, “También puede ocurrir que el estado de ese suelo pélvico sea bajito y por lo tanto no se tenga mucha fuerza para que sucedan esas contracciones o bien sea un poquito más alto e incluso pueda generar dolor (disorgasmia, o dolor en el orgasmo). Por otra parte, influye una cualidad llamada propiocepción. Es decir, si yo te digo que sin mirar me digas cómo está tu mano, seguramente seas capaz de hacerlo, pero con el suelo pélvico no suele pasar lo mismo. Esto es propiocepción, capacidad de sentir, y en el caso de suelo pélvico suele estar disminuida”. Si te estás preguntando si se puede tener un orgasmo sin orgasto, la respuesta que nos da la fisioterapeuta es sí, “Pero no un orgasto sin orgasmo”.

Cómo tener un orgasto

Dentro de nuestos encuentros debemos diferenciar lo que es lo puramente placentero de la excitación. La excitación la experimentamos a un nivel puramente físico y de ahí que se tranforme en lubricación, erección del clítoris, de pezones y mayor sensibilidad corporal. Sin embargo, el placer es algo más abstracto. Son las conexiones neuronales que hacen que identifiquemos eso como algo placentero y que es particular en cada persona.

El orgasto es esencial para conseguir un orgasmo, ya que sino hacemos esa conexión cuerpo-mente, no conseguiremos llegar al orgasmo o no lo haremos de forma plena y satisfactoria.

¿Alguna vez te ha ocurrido que estás disfrutando, todo va bien, estás excitada, pero cuando vas a llegar al orgasmo todo se diluye y desaparece? La razón de que te ocurra eso es porque no has logrado dejar que el orgasto, el acto reflejo del que nos hablaba Carretero, se comunique con tu cerebro. De repente tu mente cambió de canal, pensó en otra cosa o algo te distrajo e hizo que esa conexión que necesitamos para pasar de orgasto a orgasmo no se lograra. Es decir, tu cuerpo estaba preparado, las reacciones se suceden pero te has alejado mentalmente del momento. Puede ocurrir por estrés, preocupaciones o no encontrarnos a gusto con el lugar y la situación.

Las señales físicas como la secreción vaginal o las contracciones de las paredes de la vagina son indicadores del orgasto. En ese momento que estás sintiendo que tu cuerpo se prepara, está en la línea de salida para correr hacia el orgasmo, necesitas la máxima concentración. Es el momento clave de concentración. Tu mente y tu cuerpo deben fluir y tú debes dejar que se conecten para obtener un buen orgasmo. Parece sencillo, pero no siempre es así. Estar en el momento y centrarnos en cuerpo y mente el la clave para los buenos orgasmos (y orgastos).