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Señales que identifican a un empotrador

Podrá gustarte o no, pero hace unos años, cuando Yanis Varoufakis fue nombrado ministro de Economía de Grecia, existía un consenso que se generó sin que las mujeres de Cataluña, Galicia, Madrid o Andalucía se hubieran puesto de acuerdo alrededor de una mesa, o sea, sin mediar palabra: Varoufakis era un empotrador.

Pareja
Pareja | iStock
Lucía Martín (@Luciamartin) | Madrid
| 09/11/2018

Eso se sabía en Madrid o en un pueblo de Soria: lo supimos todas cuando fue elegido ministro y en aquella otra ocasión en que llegó a una reunión subido en una potente moto. Estuviésemos o no de acuerdo con su ideología, nos gustasen más los hombres con pelambrera o afeitados sin un pelo de tonto, daba igual: había un acuerdo general sobre lo que la figura de este griego destilaba. Porque destilaba sexo y una imagen de “cuando lleguemos a casa te voy a dar lo tuyo contra la pared del pasillo, así, sin hablar”.

Es curioso porque al igual que las mujeres, tengamos el gusto que tengamos, solemos estar de acuerdo en quién es o no empotrador, sin necesidad siquiera de comentarlo, entre los hombres también hay acuerdo: siguiendo con el ejemplo de Varoufakis, nunca vi a tantos hombres responder lo mismo cuando se afirmaba que te llevarías al griego a la cama. “Pues es feo”, “tampoco es para tanto”; “Tiene pinta de matón de discoteca”; “Pues vaya nariz”… Claro, el resto de población masculina también reconoce esos valores de “empotrador”, aunque no los identifica como tal sino más bien notan que es una amenaza…

Porque a las mujeres nos gustan los gentlemen pero queremos un gentleman que nos empotre no uno que se limite a abrirnos la puerta del coche pero que luego en la cama sea un blandito. A un empotrador se le identifica por varias señales, te las decimos para que no te equivoques en tu búsqueda:

- Ojo, que no todo es el aspecto de duro: no, porque puede parecer evidente que si tienes pinta de “malote” vas a ser un fiera en la cama pero tampoco es así. Es más, hay mucho empotrador “disimulao”, que puede incluso tener un aspecto totalmente anodino y estas perlas raras son las más difíciles de identificar. Porque en un empotrador lo importante es lo que hay debajo de la epidermis, lo que nos lleva al siguiente punto…

Hombre atractivo | iStock

- Carisma, seguridad en sí mismo: esto sí signo inequívoco. El empotrador es carismático, cuando habla, la gente escucha. Irradia seguridad en sí mismo y eso, chicas, nos pone muchísimo…

- Sonrisa pícara: ay la sonrisa del empotrador.. La sonrisa esa que significa “sí, pero ya verás cuando luego te pille a solas”. Una media sonrisa que nos desarma sin más, que hace, junto con su mente bien amueblada, que se nos caigan las bragas a plomo. Así de claro.

- Sabe leer entre líneas o dicho de otra forma, capta todo tipo de señales: aunque hace mucho que las mujeres entendimos que los hombres no comprendían las señales y cada vez somos más las que hablamos claro, a veces, en el juego de la conquista y la seducción, los mensajes menos evidentes son bien divertidos. Y el empotrador los capta al minuto, porque sabe leer entre líneas, es rápido mentalmente hablando (que no en la cama, por Dios). Y eso también te pone porque te supone un estímulo y a ti, querida amiga, los estímulos y retos mentales te excitan.

- Un empotrador no tiene miedo a que le metas el dedo en el culo: ni tampoco a que metas tus juguetes en la cama. En definitiva, un empotrador no tiene miedo a probar ni a descubrir, ha superado tabúes arcaicos y te va a hacer muy pero que muy feliz en la cama. Así que a disfrutarlo.

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