Y fuera complejos

Y fuera complejos

Razones para tener sexo con la luz encendida

Buscar luces cálidas y tenues se puede convertir en una herramienta más para avivar nuestro deseo.

Te gusta hacer el amor por la noche. Bueno, en realidad no sabes si te gusta, porque estás más cansada y tu cabeza está algo aturullada con los problemas del día, pero es cuando prefieres meterte entre las sábanas y empezar a tontear como si nada, porque es cuando la luz está apagada.

Aunque sabes de sobra que te deberías querer más a ti misma, que muchos de tus complejos son más mentales que físicos y que a tu pareja le gustas tal y cómo eres, tú estás más cómoda haciendo el amor cuando apenas puede verte. Y crees que esto es algo que solo te pasa a ti, pero en realidad le pasa a muchas otras mujeres.

No hay una estadística fiable de las personas que prefieren hacer el amor con la luz apagada, pero lo cierto es que es una de las frases típicas que se suele oír en los gabinetes de sexología. El consejo obvio es que es necesario trabajar la autoestima y la confianza, pero mientras eso llega, hay otras razones que te pueden convencer para dejarte ver un poco más, cuando te encuentras con tu pareja.

La sexcoach Mar Márquez expone que quizás se trata de dejar de ver la luz como una enemiga, para verla como “Un elemento decorativo que nos ayuda tanto a potenciar nuestras fortalezas físicas, como a generar un clima estético”, que entre otras cosas, puede activar nuestro deseo.

Como experta en el arte del striptease, Márquez aporta que “La luz es un elemento decorativo con un alto impacto a nivel sensitivo, por lo que tiene capacidades tan diversas como la relajación, la transmisión de sensaciones de ternura, invitar a prácticas más extremas o incluso la de facilitar o dificultar el hecho de llegar a un orgasmo”.

Sexo | iStock

La cuestión, por tanto, no es pasar de huir de la luz a ponernos un foco (o sí), sino buscar aquella con la que nos sintamos más cómodas. En este sentido, “Una luz muy tenue, que nos alumbre de forma indirecta puede ser una buena manera de empezar”. Dando ideas más concretas, la sexcoach pone como ejemplos tipos de luces cálidas, como “velas grandes”, siempre que estén en un lugar seguro, u optar por opciones como “Colocar la lámpara de la mesita de noche debajo de la cama o dejar encendida la luz del salón que nos llegue de lejos a la habitación”. Se trata por tanto de buscar luces que nos ayuden “A definir solo el contorno de nuestras pieles y gestos, eliminando así la claridad de los detalles que no queremos revelar (aún)”. Es decir, buscar una iluminación con la que gustarnos y gustar.

El siguiente paso es tener en cuenta no solo la iluminación, sino el objeto iluminado, es decir, nosotras mismas. Para sentirnos más favorecidas con este tipo de luces, la experta recuerda que “Hay posturas que forman parte de nuestro concepto de seducción, porque alinean nuestro contorno, armonizan nuestras curvas y nos aporta ese toque de seguridad que tanto atrae”.

Para buscarlas, Márquez apunta que, como todo, se puede probar antes a solas. “Puedes practicar delante del espejo, con la luz de las velas, buscando tus fortalezas en caderas, trasero, líneas del pecho... contonéate delante del espejo y proyecta y practica la fuerza de tu mirada”.

Sabiendo que la otra persona nos desea, el objetivo de este ejercicio es volver a desearnos a nosotras mismas, para no solo hacerlo con la luz encendida, sino aprender a dejarnos llevar y disfrutar más de la experiencia. “De esta forma, y acompañadas de la sombra que la penumbra dibuja en nuestra silueta, podemos comenzar a dar pequeños pasitos hacia el uso y disfrute del sentido de la vista como un elemento erótico más para disfrutar”, concluye la experta.

Silvia C. Carpallo (@SilviaCCarpallo) | Madrid | 21/11/2018

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