Cuando nos planteamos salir de la rutina y pasar una noche especial, una de las primeras ideas que nos viene a la mente es reservar una noche de hotel, incluso aunque sea en nuestra ciudad. Pero en vacaciones, sin duda, pensamos que dormir en una cama mucho más grande y de sábanas blancas nos ayudará a despertar la chispa que a veces creemos perdida. Pero, ¿hay algo de cierto en esta teoría? Parece que sí, y que incluso podría tener cierta explicación científica.

Según el psicoterapeuta y conocido consejero sexual Ian Kerner la clave está en que para activar el deseo es necesario disminuir los niveles de ansiedad, y nuestro dormitorio no deja de ser el lugar en el que solemos darle vueltas a los problemas. Por ello, un entorno agradable como un hotel, exento de todo lo que nos recuerde nuestros problemas, puede ser el lugar en el que nos sintamos más proclives a mantener relaciones sexuales.

“Cuando una pareja se involucra en actos sexuales en una habitación de hotel, en lugar de en el dormitorio, la novedad de la habitación de hotel estimulará la transmisión de dopamina en el cerebro, que tiene un gran papel en la excitación y la excitación sexual”, defendía en una entrevista este experto.

Respecto a la implicación de esta dopamina en el acto sexual, la sexóloga Emma Ribas aporta más perspectiva. “La dopamina es una hormona natural producida en el cerebro, que se libera en situaciones placenteras e interviene en la regulación de nuestros estados de ánimo, nuestros niveles de ansiedad, nuestro sueño y nuestra motivación. De ahí que estimule al individuo a ir en busca de aquello que la activa”.

Pareja en hotel | iStock

En concreto, “La dopamina se incrementa durante el coqueteo y el escarceo erótico, para caer luego en picado tras el orgasmo. Cuando el sexo va acompañado de amor, el nivel de dopamina se mantiene más estable, ya que no desciende abruptamente una vez alcanzado el orgasmo”, aporta Ribas a modo de curiosidad.

Más allá de esta cuestión, es cierto que el ambiente del hotel, en nuestro imaginario colectivo, suele ser más sexy que nuestra casa. A este respecto, la sexóloga defiende que quizás tenga mucho que ver, por ejemplo, el impacto del cine. Asimismo, Ribas reconoce que las habitaciones de los hoteles están pensadas para disfrutar de los cinco sentidos, ya que se mima el tacto de las sábanas, el olor de la habitación, las vistas que tenemos desde la misma, etc. De hecho, incluso existen hoteles en los que las habitaciones están equipadas con contenido sexual, ya sean muebles eróticos, espejos, películas eróticas, luces de colores, etc., que ya recrean un ambiente mucho más sugerente.

Otra cuestión, es que el hotel no es solo un lugar en el que sentir diferente, sino que también permite jugar a sentirnos otras personas. “Para devolver el color a la relación, por unas horas o unos días, la pareja se puede sumergir en un espacio donde el anonimato les permite crear, inventar, imaginarse que son otros/as, entrar en un rol diferente al habitual, proyectarse desde un arquetipo y compartirlo en la intimidad que proporciona la sexualidad, dos elementos clave para ayudar a reforzar el vínculo de pareja”, relata Ribas.

Todas estas ideas concluyen en que el hecho de ir a un hotel conlleva cierto tipo de preámbulo sexual, porque el asociarlo al sexo hace que lo tengamos más en mente y acudamos más predispuestos.

“Ir a un hotel, apartarnos de nuestro entorno habitual, supone llevar a cabo una serie de preparativos para el encuentro sexual, lo que le proporciona a nuestro cerebro el material necesario para formar la necesaria dopamina”, y que de esta forma todo fluya mejor que en casa.