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¿Por qué las mujeres tienen peores relaciones sexuales que los hombres?

Las mujeres no solo son más propensas a experimentar relaciones sexuales malas y dolorosas, sino que tienden a dar más importancia al placer de los hombres. ¿Cómo podemos cambiar eso?

¿Por qué las mujeres tienen peores relaciones sexuales que los hombres?

iStock ¿Por qué las mujeres tienen peores relaciones sexuales que los hombres?

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Según los terapeutas sexuales y de pareja, las mujeres no solo tienen más probabilidades de experimentar relaciones sexuales consensuadas malas, dolorosas e insatisfactorias, sino que también tienden a socializar para priorizar el placer de los hombres sobre el suyo propio.

El problema comienza en ignorar esa incomodidad, en naturalizar situaciones que no son naturales y en dar prioridad al placer del otro sobre el de uno mismo. Entonces, ¿cómo podemos desentrañar estos problemas para tener relaciones sexuales más saludables y significativas? Intentamos descubrirlo.

Malas experiencias

El mal sexo puede mostrarse de maneras muy diferentes para las mujeres. El dolor, la incomodidad y el miedo son sólo algunas de ellas. Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Michigan encontró que hombres y mujeres tienen una escala muy diferente en lo que se refiere a satisfacción sexual.

Según los datos, las participantes femeninas colocaron en el extremo inferior de la escala términos extremadamente negativos como 'depresión', tristeza, 'dolor' y 'degradación'. Ningún participante masculino utilizó ese grado de afectación. Las descripciones más comunes utilizadas por los hombres abordaban cuestiones como la soledad, tener una pareja sexual poco atractiva y una estimulación sexual insuficiente.

Básicamente, para las mujeres las malas experiencias hablan de falta de protección y de dolor, mientras que para los hombres el trauma es no conseguir llegar al clímax. Por no hablar de que las mujeres heterosexuales tienen muchas menos probabilidades de tener un orgasmo que los hombres.

Se ha demostrado que el potencial sexual y orgásmico es mayor en las mujeres. Sin embargo, “existe una brecha de género también a nivel sexual, que se evidencia en la conocida como ‘brecha orgásmica’, donde se detecta que las personas con vulva que mantienen relaciones con personas con pene tienen menos orgasmos que quienes se relacionan genitalmente con otras personas con vulva”, puntualiza Ana Sierra, psicóloga y sexóloga.

“Esto no significa que afecte negativamente solo a las mujeres, pues ellos también se sienten obligados a ajustarse a lo que se espera de ellos. Sin embargo, las mujeres somos las que nos llevamos la peor parte”, añade.

Dolor sexual

Una de las razones de tener malas experiencias sexuales es que es más probable que las mujeres experimenten dolor durante el sexo, ya que este suele tener que ver con la penetración pene-vagina, y puede surgir en el contexto de falta de lubricación o vaginismo.

Sin embargo, debido a la diferencia de género en la atención médica, ayudar a los hombres a tener mejores relaciones sexuales ha tenido históricamente una prioridad más alta que para las mujeres. Esta es la razón por la que tantas mujeres con afecciones como la endometriosis (que puede causar relaciones sexuales dolorosas) no han sido nunca diagnosticadas.

“Lo que toca”

Muchas mujeres sienten que tener relaciones sexuales es una parte más del contrato, algo así como “lo que toca” cuando estás casada o vives en pareja. Tener sexo sin deseo, fingir orgasmos, hacerlo para no herir los sentimientos de sus compañeros, no hablar y guardarse las cosas para ellas mismas, forma parte de la rutina de muchas mujeres, que acaban por convencerse de que para ellas el sexo no es tan importante (y por supuesto no tan satisfactorio) como para sus compañeros.

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Pareja | iStock

“Las mujeres que acuden a mi consulta alegando bajo deseo o ausencia del mismo, descubren que el problema está en que los estímulos no son los adecuados, que las prácticas o el tipo de relación que llevan, tanto dentro como fuera de la alcoba, es lo que no funciona, no ellas. Nos han hecho creer que la sexualidad es como nos han contado, en lugar de descubrir que puede ser como deseemos que sea. Diversa, única y capaz de evolucionar como cualquier otra área de nuestra vida, porque sexualidad es vida”, explica la experta.

Falta de educación y vergüenza

No solo no se nos enseña sobre el placer como parte de nuestra educación sexual al crecer, a las mujeres también se les dice que su primera vez dolerá. Y así es como suele comenzar el vaginismo en algunas personas. Esos primeros mensajes sociales sobre el dolor en el sexo crean miedo y pueden conducir a una condición debilitante y dolorosa.

“La sexualidad y las normas y prácticas sexuales en nuestra sociedad se han construido por hombres, desde un sistema patriarcal y bajo conceptos machistas, por cuestiones de poder y dominación”, comenta Sierra al respecto.

Por eso los expertos invitan a las mujeres a aprender sobre sus cuerpos y sobre lo que les hace sentir bien. Porque hay mucha información sobre los genitales masculinos y su salud, pero muy poca sobre la de las mujeres. Enseñar que nuestro propio placer importa y aprender a explorar nuestro propio cuerpo son dos cosas que podrían evitar la represión durante las primeras experiencias sexuales.

“Desde el mandato de género nos han contado que ellos enseñan y nosotras aprendemos, que ellos saben cómo se hacen las cosas, aunque no tengan ni idea, y nosotras no; lo cual nos hace sentir inseguras y dejamos en sus manos nuestro placer y nuestras decisiones sexuales”, asegura la sexóloga.

Pornografía vs. realidad

Las mujeres tienen que ser más sexys que los hombres, y esto no ha cambiado mucho en las últimas décadas. Este mensaje de "el sexo como performance" se refuerza a través de la pornografía, donde en general, la idea de que el disfrute está lo que tú deseas o lo que quieres está completamente ausente para la mujer.

Asimismo, los hombres también se ven perjudicados por estas falsas representaciones. Por ejemplo, la idea de que el sexo debe durar mucho tiempo puede provocarles ansiedad e incluso disfunción eréctil.

“A los hombres les sigue costando asumir su insatisfacción y disfunción porque su rol masculino se basa en ser poderosos y resolutivos, no es los cuidados, incluidos los propios, salvo en el área económica”, recuerda Sierra. “Poco a poco esto se visibiliza y el empoderamiento sexual se va convirtiendo en un hecho para hombres y mujeres porque, aunque ellos se sientan con poder, están también engañados y sufren disfunciones, por eso cada vez acuden más a consulta”.

Cómo priorizar nuestro propio placer

Hay muchas cosas que las mujeres pueden hacer para aprender a priorizar su propio placer. Estas son algunas de ellas:

Masturbarse. A veces, explorarse una misma ayuda a saber más sobre lo que nos excita. Lo que a su vez puede hacernos ganar confianza a la hora de tener relaciones.

Ampliar nuestra definición de sexo. Cuando dejamos a un lado el sexo con penetración, aparecen otras experiencias agradables. Masajes, masturbación mutua… Ponerlas en práctica puede hacer que el sexo sea mejor que nunca. El sexo no tiene que ir siempre unido a la penetración. Hay muchas otras formas de ‘hacerlo’ entre dos personas.

Hablar. Comunicarnos con nuestra pareja no siempre es fácil, pero sí muy importante. Se trata de poner sobre la mesa lo que nos resulta placentero y lo que no. Conversar abiertamente sobre lo esencial es vital para tener una relación sana. Sin decepción ni resentimiento. Un buen socio siempre escuchará y querrá asegurarse de que estemos satisfechas.

Pedir ayuda. Buscar apoyo profesional, ya sea en terapia o de nuestro médico de cabecera, puede resultar útil en determinados momentos en los que creemos haber intentado todo. Incluso podemos preguntar a otras parejas amigas qué hacen ellos para mejorar. No hay que olvidar que todos podemos beneficiarnos cuando mejora nuestra vida sexual.

“Las mujeres siguen siendo las que más acuden a las consultas de medicina, psicología y sexología”, concluye Ana Sierra. “Esto no significa que seamos las que más trastornos o insatisfacciones tengamos en cualquiera de estas áreas, sino que no tenemos vergüenza a reconocer que estamos o lo hacemos mal o que podemos mejorar”.

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