Seguro que más de una lo ha escuchado, pues es algo de lo que se habla desde hace muchos años, y más, desde que existe internet. Ya existían tratados redactados en el año 1500 en Egipto en los que se cita que unos de los métodos utilizados por Cleopatra para preservar su juventud y belleza eran las cremas elaboradas con base de proteínas y nutrientes del semen.

Y es cierto que el semen está compuesto de muchas sustancias con características, a priori benéficas, pues es un compuesto de proteínas, vitaminas, minerales, hidratos de carbono, prostaglandinas… y por espermatozoides, liquido procedente de la vesícula seminal y de la glándula prostática y otras glándulas parauretrales, que contiene espermina, que “Es un tipo de poliamina existente en otros tejidos, pero llamada así por haber sido descrita por primera vez en el esperma, con propiedades antioxidantes”, aclara el médico y sexólogo Guillermo González.

Forma parte de múltiples gamas de cremas; algunas marcas están convencidas de que la espermina contribuye a disminuir las arrugas, suaviza la piel e incluso alivia el acné, “Pero también algunas de estas poliaminas pueden ser potencialmente perjudiciales y causar algunos daños celulares”, recalca González. De hecho, todavía hay personas que no saben que el semen de ballena es un ingrediente común en muchos productos faciales porque, entre otras cosas, hace que las cremas sean más densas y duraderas, aunque no se sabe muy bien cómo nos afecta el semen humano.

En la Red se dice que se empezó a usar como tratamiento facial porque la cabeza de los espermatozoides contiene colágeno y que es bueno para regenerar los tejidos cicatrizados, incluso las quemaduras leves, y es cierto que “De forma empírica, y por las características regeneradoras del colágeno, se podría afirmar que esta posibilidad es cierta, pero todos los ensayos realizados se han realizado en tejidos in vitro, no en organismos vivos. Extrapolar estos resultados a seres humanos es muy aventurado, ya que este tipo de poliaminas, en determinadas concentraciones, también tienen algunas características capaces de provocar destrucción celular”, nos cuenta González.

Hay muchas personas que lo están utilizando como cicatrizante, incluso después de las operaciones, pero “No podemos olvidar la capacidad de transmisión bacteriana y viral que tiene el semen. Es cierto que los componentes del semen, ricos en sustancias naturales, nutritivas y beneficiosas, no debieran causar problemas en los tejidos de seres humanos, pero no podemos saber cómo se comportaran al aplicarlos como cicatrizantes o como se ha dicho también, antienvejecimiento por su contenido en colágeno”, manifiesta el médico y sexólogo.

Globos simulando espermatozoides | iStock

¿Entonces, qué hacemos? La dermatóloga Cybele Fishman, explica en 'Yahoo Health' que aplicar una sustancia como el semen en la cara es “una idea terrible”, especialmente para las personas que sufren problemas de piel. De hecho, es ella quien señala que “Si el semen contiene una enfermedad de transmisión sexual y se pone en contacto con heridas de la piel podríamos infectarnos de una ETS”.

Pero, y si hay personas que quieren usarlo le digan lo que le digan, ¿qué deberían hacer? “No cabe duda que se deberían aislar los componentes beneficiosos para la dermis y epidermis y encontrar una forma (excipiente) para vehiculizarlo correctamente y con una aplicación óptima. Después ver como son sus características de absorción, distribución y efectos que provocan”, apunta González.

Conclusión: no, que no tenemos ahora la Sanidad para ideas peregrinas.