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SEXO Y MIEDOS

Miedo a la penetración, ¿se puede superar?

¿Llega el momento del encuentro sexual y te entra un miedo atroz? Puede que lo que te pase es que tienes genofobia o miedo al coito.

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Para muchas personas el sexo es la forma de comunicarse con su pareja de la manera más directa, pero hay ocasiones en que esto se convierte en una auténtica tortura porque en el momento de tener un encuentro sexual el miedo aparece y nos paraliza. Podemos desarrollar diferentes fobias sexuales, pero hay una que es la más común y que afecta en mayor medida a las mujeres por la educación sexual que recibimos, hablamos del miedo al coito.

Tener miedo al coito no quiere decir que no podamos disfrutar de las relaciones eróticas, ya que no afecta a todas las prácticas ni a todo lo que forma parte de nuestra sexualidad, pero sí que genera malestar emocional por no poder disfrutar plenamente de las relaciones sexuales.

¿Por qué tengo miedo al coito?

La respuesta que esperamos al hacer esta pregunta es que en la infancia se han sufrido abusos o experiencias traumáticas. Sin embargo, no siempre es ese el motivo y con frecuencia surge en relaciones consentidas. Podemos tener una vida sexual satisfactoria, pero que irracionalmente aparezca el miedo al coito. Es cierto que la fobia no viene de la nada, por eso, aunque consideremos que no tenemos ningún trauma, sí que podemos pensar en nuestras experiencias sexuales para encontrar el momento en el que comenzamos a desarrollar esta aversión. Las experiencias vividas en nuestra vida erótica nos marcan y sin duda los miedos a algunas prácticas o reticencias a volver a hacerlas proviene de una mala experiencia. Si cuando realizamos una práctica sexual no nos sentimos libres, cómodas y satisfechas, es probable que se quede grabado en nuestra memoria y que nos cueste volver a intentarlo. Por eso, siempre debemos decidir de manera libre y sin presiones qué es lo que queremos hacer y de qué manera.

Preocupación | iStock

La psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja Elena Crespi nos explica que este miedo parte de la educación sexual y sobre la salud que las mujeres recibimos. “Nos han explicado, desde siempre, que la primera vez duele y, además, cualquier cosa relacionada con nuestra sexualidad va con dolor incorporado. Por lo tanto, tenemos el dolor asumido en nuestra sexualidad”. Asumir este dolor durante el coito “Nos puede provocar que no conozcamos en profundidad nuestro placer y que no tengamos en cuenta que las sensaciones agradables y placenteras forman parte de nuestra sexualidad y deberían ser las protagonistas. El miedo puede provocar que no nos autoconozcamos ni auto exploremos porque, además, nos inculcan el miedo al coito para no vivir nuestra sexualidad con naturalidad y que se nos etiquete de frescas”.

Los tabúes sobre la sexualidad, miedos o la falta de información también pueden afectar a nuestra vida sexual. Por ejemplo, si tenemos miedo de contraer alguna ITG (infección de transmisión genital) o al embarazo no deseado y no conocemos bien cómo funciona nuestro cuerpo, el miedo a realizar determinadas prácticas como el coito será una fuente de ansiedad.

El miedo al fracaso sexual es otra de las grandes fuentes de frustración en el terreno íntimo. No “dar la talla”, no ser lo que creemos que nuestra pareja quiere que seamos o querer cumplir con la imagen irreal que se nos propone es algo que hemos sentido todas y que a algunas de nosotras les impide disfrutar de una sexualidad sana. Cuando ese miedo a decepcionar a otra persona se apodera de nosotras, respondemos de forma física y psicológica a través de las fobias sexuales creyendo que no somos capaces de disfrutar.

¿Cómo se presenta la genofobia o el miedo al coito?

Los sentimientos principales son ansiedad y malestar emocional y físico. Además, aunque disfrutemos de otras formas del sexo, se evitará el contacto genital.

En cuanto a los síntomas emocionales, tendremos sentimientos de angustia, miedo y nerviosismo como consecuencia de pensar en el coito o al sentir que nuestra pareja quiere tener sexo con penetración. De este modo, es probable que evitemos la intimidad con otra persona. Y físicamente lo reproduciremos con sensación de opresión en el pecho, náuseas, sequedad en la boca, mareos, dolor de cabeza, falta de aire o hiperventilación. Cada persona responde de una manera diferente, así que tu cuerpo lo expresará también de diversas maneras.

Así te afecta este miedo sexual

Crespi apunta a que afectará al resto de prácticas. “Hace que el placer quede en un segundo plano. Nos preocupamos más por no sentir dolor que por sentir placer. Por lo tanto, eso nos aleja de poder vivir una sexualidad plena, consciente y saludable”. Y esto no afecta solo a las relaciones compartidas, sino también a las que realizamos con nosotras mismas. Así lo aclara la sexóloga: “Hay personas que viven su limitación del miedo al coito como una limitación que afecta a otras prácticas sexuales. Y su vida sexual compartida e, incluso, individual, queda olvidada y no se le presta atención o se la siente con miedo generalizado”.

Cómo superarlo

La clave para superar la fobia al coito es, en palabras de la experta, “Autoconocimiento, educación sexual e información que sea fiable, con talleres, charlas, lecturas... Poniendo el tema encima de la mesa para poder hablarlo y volverlo más real, dándole al placer y a la salud el lugar que se merecen”.

En algunas ocasiones no somos nosotras las que sufrimos la genofobia, sino que es nuestra pareja quien está viviendo en primera persona esta situación. En este caso, debemos acompañar “Desde la comprensión y nunca desde la presión” Y “Sin ninguna duda, además, buscando ayuda profesional porque no tenemos un aprendizaje sobre la sexualidad que nos permita saltarnos todos los estereotipos que hemos aprendido y que no nos ayudarían a superar ese miedo para evitar que se convierta en una fobia o bloqueo sexual” concluye Crespi.

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