Hemos superado las primeras fases de la desescalada y, con ellas, la necesidad de recurrir al sexo virtual. Por fin podemos vernos en persona. Pero tampoco es que podamos retomar nuestra sexualidad normal. Todavía surgen muchas preguntas y dudas respecto a los riesgos de contagio y por ello toca seguir siendo imaginativos. Es decir, que puede que todavía prefiramos no tener una relación sexual con penetración, pero eso no quiere decir que no nos podamos hacer pasar un buen rato.

Por ejemplo, masturbando a la pareja con la mano. Un clásico de toda la vida. Evitamos fluidos, podemos guardar distancia de seguridad y, aunque quede algo más frío, podemos excluir los besos por el momento. Pero cuando todo se vuelve tan aséptico, también acaba por ser algo mecánico. Y es que si el mete saca nos deja con las ganas muchas veces, el sube y baja nos cansa sobremanera.

No solo nos cansa porque es hacer lo de siempre, sino que se nos cansa la mano o el brazo literalmente. Un problema que pasa a menudo, pero que pocas veces se comenta por no ofender a nadie.

“Por lo general, cuando masturbamos a las personas con pene tendemos a hacerlo siempre de la misma manera. No es que sea la única manera posible, pero culturalmente tenemos aprendido que ‘la forma’ de hacerlo es estimulando el pene con una mano, agarrarlo y subir y bajar la mano de forma rítmica. Esto puede ser muy placentero, pero también puede ser muy limitante”, aclara la sexóloga Ana Lombardía.

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¿Es posible innovar a la hora de masturbar a nuestra pareja, para que además de más divertido para ambos, nos suponga un poco menos de esfuerzo físico?

A un nivel práctico cabría recomendar, por ejemplo, el uso de un lubricante, que nos permita acariciar el pene de la pareja de muchas más formas además de la obvia, sin hacerle daño, para conseguir darle placer y aumentar su excitación, dejando los movimientos rítmicos solo para el final. Por ejemplo, centrándonos solo en el glande, frotando el frenillo, pasando ambas manos por todo el tronco, estirando testículos por un lado y del tronco del pene por otro, etc.

Otros remedios de toda la vida pasan por cambiar de mano cuando una se cansa, ayudarse de las dos, o buscar una postura en la que podamos dejar el brazo más apoyado para que no se tense tanto. Todo ello, además de contar con la ayuda de nuestra propia pareja, si hace falta, optando mientras tanto por acariciar otras zonas como la zona interna de los muslos, los pezones, la línea alba, la piel de los testículos, el periné o la zona cercana al ano, para seguir estimulándole.

Sin embargo, no solo se trata de variar el movimiento. También consiste en cambiar un poco nuestra actitud respecto a esta práctica, porque a veces este puede ser el verdadero problema.

Una de las razones es que cuando masturbamos a la pareja se tiene puesto el objetivo en que llegue pronto al orgasmo, y no en divertirnos juntos. “Es decir, nos lo tomamos casi como un trabajo, y no como un placer. Si estoy masturbando a mi pareja divirtiéndome y excitándome al hacerlo, no me cansaré. Podré ir a mi ritmo, centrándome en el placer y no en que mi pareja llegue. De ese modo, podré ir más despacio o hacerlo más suave, o pasar a otra cosa si quiero”.

Es por ello que se trata de cambiar no solo el cómo lo hacemos, sino el por qué lo hacemos.

“El sexo no es un deporte, no es un trabajo, no tiene que ser un esfuerzo. El sexo tiene que ser siempre placentero. Además, si masturbo a mi pareja y yo me lo estoy pasando bien al hacerlo, lo haré mejor, pues conectaré mucho más con su placer y excitación. Además, mi pareja, al verme excitada mientras le estimulo, se relajará, excitará y desinhibirá con más facilidad”, concluye la experta.