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PRESERVATIVOS

Hombres que no quieren usar condón, ¿por qué les ocurre?

¿Por qué a algunos hombres les desagrada tanto el preservativo y otros se lo colocan como si nada? Hay motivos de toda índole, pero ninguno de ellos debería tener peso suficiente para inducirnos a dejar de usar el condón si queremos prevenir enfermedades y evitar embarazos.

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Son muchas las mujeres que en algún momento de su vida se han encontrado con algún hombre que no soporta los preservativos, aunque no todos lo expresan de la misma manera. Está el típico que actúa como si los preservativos no existiesen y procede a intentar un coito sin protección sin consultar, el que expresa el problema previamente o aquel que no dice nada y te lo acabas encontrando en el momento de la verdad: a muchos les cuesta incluso mantener una erección en condiciones con el preservativo puesto.

Según un estudio publicado en la revista Contraception, avalado por instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o el Planned Parenthood en Estados Unidos, el preservativo masculino tiene una efectividad del 98% a la hora de prevenir embarazos. Para garantizar esta efectividad, es importante guardar los condones en lugares no demasiado expuestos al calor, abrirlos cuidadosamente para que no se dañen, evitar el contacto genital antes de usarlos, revisarlos tras el coito y asegurarnos de que estén bien puestos.

Es, por el momento, el único método anticonceptivo que protege de las enfermedades de transmisión sexual, con unas tasas muy altas de efectividad siempre que se emplee correctamente y no se combine con otras prácticas que también pueden dar lugar a contagios, como el sexo oral o anal sin protección. En este sentido, según datos del Ministerio de Sanidad y de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) del año 2017, los casos de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) como la gonorrea o la sífilis se han multiplicado por 7 e incluso por 10 en algunos casos desde el año 2000, entre jóvenes de 20 y 35 años. Los expertos atribuyen esta coyuntura a una pérdida generalizada del miedo al VIH y a la escasa información en materia de ITS en el conjunto de la población.

De hecho, según un estudio realizado por la firma de juguetería erótica Lelo, solo 3 de cada 10 españoles, es decir un 33%, utiliza preservativo siempre que tiene relaciones sexuales, mientras que un 13,5% de los encuestados no lo utiliza nunca. Solo un 12% asegura que usa condón frecuentemente, mientras que un 7,5% lo hace de forma esporádica. Este mismo estudio señala que el 73% de los participantes en la encuesta señaló no usar preservativos con su pareja estable, aunque solo la mitad se había hecho un examen médico antes de tener relaciones sexuales sin protección.

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El estado de la cuestión, pues, arroja un resultado concluyente. El uso del preservativo es la mejor manera de proteger contra enfermedades y embarazos y, sin embargo, todavía son muchas las personas que se la juegan y se arriesgan a mantener relaciones sexuales sin ellos. Esto puede deberse a numerosos motivos, desde la alergia al látex, cosa que ocurre en un porcentaje muy reducido (para lo que habría que buscar otros materiales, como poliuretano) o argumentos como que su pene es demasido grande para emplear preservativo. Esto último no es más que un mito, puesto que un condón debe tener la capacidad para estirarse de hasta 7 veces su tamaño original, además de poder soportar hasta 4 kilos de peso y almacenar hasta 3,7 litros de agua y resistir 18 litros de aire.

Hasta tal punto llega la aversión al condón en algunos hombres que hace unos años empezó a acuñarse el término stealthing para referirse a la práctica en la que algunos de ellos, pese a haber acordado previamente con su pareja emplear preservativo, se lo quitan secretamente durante el coito sin avisar a la otra persona. Diferentes asociaciones relacionadas con la defensa de los derechos de las mujeres piden, en este sentido, que el llamado stealthing –que en inglés significa “sigilosamente”– sea considerado una agresión sexual.

Que el preservativo afecte a la calidad de la erección no debería ser, en ningún caso, motivo para dejar de usarlo, no solo porque nos jugamos mucho sino también porque muchos hombres deberían empezar a entender que la sexualidad femenina se halla más allá de los genitales y que mediante caricias y otros juegos en algunas zonas erógenas del cuerpo –en muchas ocasiones y para muchas mujeres mucho más efectivas que la vagina– el sexo puede ser igual de placentero. Por otra parte, no está tan claro que el preservativo sea el culpable de esas erecciones discretas que sobrevienen a veces. Según un estudio publicado en el Journal of Sexual Medicine, en el que se evaluó el uso del preservativo en 500 hombres de entre 18 y 24 años a quienes se pidió que expresaran sus sensaciones, un 62% de participantes afirmó perder sensibilidad y tener problemas para alcanzar una erección plena. La investigación señala, sin embargo, que este problema no se debe al preservativo en sí, sino a que “la mayor parte de los hombres no lo coloca correctamente y utiliza una técnica que estrangula el pene, provocando su pérdida de irrigación y una notoria incomodidad durante las prácticas sexuales”, explica la autora de la investigación, la doctora Cynthia Graham.

Es hora, además, de dejar de esgrimir aquel viejo argumento de que el momento de ponerte el condón “te corta el rollo” y otorgar a ese parón la importancia que se merece en el contexto de una relación sexual cuidada y agradable para las personas implicadas. En cualquier caso, la respuesta por nuestra parte a cualquier intento de prescindir del preservativo en cualquier contexto y circunstancia debería ser no: proteger nuestra salud y protegernos de un embarazo es un acto político, y como tal debemos tratarlo. Si no nos cuidan, si no nos tienen en cuenta, si no nos escuchan –no importa que sea nuestra pareja de veinte años o un tipo al que hemos conocido hace veinte minutos– no hay placer posible.

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