Todavía hoy existe la idea preconcebida de que un encuentro erótico con otra persona solo está completo con la penetración, en el caso de que uno de los dos tenga pene. Incluso, se ha llegado a pensar que solo se ha follado bien cuando se produce un orgasmo. De hecho, en ocasiones, hay parejas que llegan a fingirlo para dar por concluido un encuentro nada satisfactorio o las hay que se conforman con que uno de los dos llegue a “esa meta” autoimpuesta, ya que creen que es la forma de decir: se ha acabado. Pero pensar así, tener estas ideas sobre el sexo, sobre la idea de follar o lo que se considera follar bien excluye a muchas personas con una vida sexual activa y placentera.

Para empezar, tener en mente estas dos ideas no solo limita el acto, el juego al que vamos a jugar, pues las parejas que se acuestan así se encuentran sabiendo qué van a hacer, cómo, dónde, en qué posición y cómo van a acabar. Este tipo de creencias de cómo ha de ser el sexo con otra persona puede fomentar las presiones por alcanzar lo estipulado, mata la imaginación de crear o probar algo nuevo, elimina la posibilidad de tener finales alternativos y nos marca unos “tendría que” o unos “deberías ser” brutales.

En un encuentro, o si lo quieres llamar follar, hablemos de follar… los únicos debería con los que nos debemos acostar son con los “haré lo que me apetezca”, “respetaré lo que te apetezca”, “no haré nunca lo que no me apetezca hacer” y “no dejaré de hacer algo que me apetezca hacer”.

Follar bien es jugar sin objetivos prescritos, sin mapa que nos guíe sobre el camino que debemos seguir para alcanzarlos. Follar bien es probar cosas diferentes, conocer lo que nos gusta y lo que no, pedir y escuchar lo que nos piden. Follar bien es jugar sin tiempos establecidos, sin la idea de ha de durar esto o lo otro para que los dos disfrutemos.

Sin la creencia de que un buen polvo tiene que durar más de “x” minutos. Puede que dos personas se encuentren con un nivel de excitación muy alto y eso provoque que el encuentro dure dos, tres o cinco minutos, y con lo que hayan hecho, con cómo lo hayan hecho o hasta donde hayan llegado en su juego les haya satisfecho a ambos y que ese revolcón, fortuito, sin mirar el reloj, haya sido uno de los mejores que hayan tenido; a veces incluso, sin llegar al orgasmo porque les han pillado metiéndose mano en un probador.

La capacidad de deshacernos de los estereotipos, de las normas y los objetivos a cumplir son una de las mejores herramientas para ir a la cama y poder disfrutar de ti, de tu cuerpo, de tus emociones, de tu piel, en primera instancia, y del otro, de sus sensaciones y de lo que le provocas. En definitiva, del juego al que vais a jugar.

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Pero llegados a este punto la pregunta que todo/as nos podemos hacer es: ¿Por qué tenemos estas ideas preconcebidas y grabadas a fuego en nuestra cabeza? La respuesta es sencilla: no tenemos una educación sexual, la frase se podría acabar ahí y que fuera una respuesta completa, pero para ir más allá en el detalle, se podría decir que no tenemos una educación sexual que esté enfocada al placer, que no dé por hecho que todos son heterosexuales, que nos enseñe alternativas y posibilidades, que nos rompa los mitos y que nos enseñe que no vas a cumplir, sino a disfrutar.

Una educación que explique que todas estas creencias anteriores vienen derivadas de nuestra cultura, la religión y el porno. Por ejemplo, la palabra “preliminares” (como cada uno/a la entienda o todo aquello que quiera englobar dentro del significado de esta palabra), connota que los encuentros tienen dos fases, esta primera y la segunda que es la penetración. Dejando a los besos, las felaciones, las caricias, los azotes o todo aquello que se nos ocurra que no conlleve la penetración en un segundo plano, menos importante que lo que viene luego, ya que culturalmente los preliminares son lo que hacemos para llegar a la penetración, lo que hacemos antes de llegar a la idea de lo que verdaderamente importa.

De hecho, yendo más allá, hay muchos hombres y mujeres que no disfrutan de la penetración o que no se encuentra dentro de sus prácticas preferidas, no les resulta placentera como otras e incluso no son capaces de llegar al orgasmo con ella, pero este es unos de los tantos temas de los que no se habla, porque se da por hecho que estas personas no existen.

Follar con un manual es aburrido y eso es precisamente lo que hace que no folles bien.