No solo las lleva Rosalía. Las uñas de gel, y cuanto más largas mejor, son toda una tendencia, sin importar oficio, clase o condición social. Sin embargo, más allá de las modas y estéticas, queda por preguntarse la practicidad de las mismas, para temas tan del día a día como tener sexo. A solas, acompañadas, o simplemente para interactuar con la vagina durante esos días del mes, tener unas largas uñas de gel preciosas puede resultar un motivo de morbo, o un motivo de fastidio.

Precisamente la sexóloga Lara Herrero ha querido analizar esta cuestión ofreciendo su propia opinión y recibiendo las de sus seguidores. Desde su propia perspectiva, en cuanto a los pros de las uñas de gel en el ámbito de la sexualidad, habría que señalar dos principales. “Es cierto que puede resultar excitante el acariciar ciertas partes de la piel con las uñas largas, ya que las sensaciones que provocan estas uñas largas, postizas o de gel, pueden ser diferente a las que producen unas uñas cortas”. Por otra parte, no olvida la parte estética, y es que las uñas largas pueden ser un fetiche, o un motivo de morbo o excitación solo por la parte visual. Además, “Tener uñas largas también es sinónimo de cuidarse a uno mismo, de autoestima, y esos conceptos acaban beneficiando en nuestra sexualidad”.

Pese a estos puntos a favor, la sexóloga expone, sobre todo diferentes contras, que se centran más en el área de la salud, y que quizás ya solo por eso, merezcan la pena tenerse en cuenta. “Las uñas demasiado largas, sobre todo postizas o de gel, o incluso aquellas con alguna decoración, pueden suponer un problema a la hora de introducir los dedos en la vagina”. De hecho, según Herrero, cabe la posibilidad no solo de arañar las paredes de la vagina, sino que la propia uña, o algún complemento, como un brillante, queden dentro de la misma.

Esta idea es aplicable a diferentes situaciones. Para empezar, lo más rutinario, como puede ser cambiarse la copa vaginal o un tampón, sobre todo si es sin aplicador. “Presionar la copa y tirar hacía fuera puede ser aún más difícil si no somos capaces de palparla con la yema de los dedos”. Además, es necesario extremar la higiene, ya que si la uña no está del todo limpia, también puede aumentar el riesgo de infecciones.

Uñas de gel | iStock

Por otra parte, sin duda, la principal dificultad está en la masturbación, ya sea pensando en nuestra propia vagina, o en los genitales de la pareja, bien sea chico o chica. “Si acariciamos no solo la vagina, sino la vulva o el clítoris, también podemos encontrar algunas dificultades, como rozar alguna zona que no queremos, y que no resulte agradable”. Por otra parte, en el caso de tener una pareja masculina, “A la hora de agarrar el pene, las uñas se nos pueden enredar”, rasgando la piel del pene o la de nuestra propia mano.

Otra idea que señala Herrero es que, aunque las uñas pueden parecer muy sexys según los gustos de cada persona, desvestirse de forma erótica puede no ser tan morboso cuando las uñas nos impiden encontrar el broche del sujetador, o del liguero. Ni qué hablar de las posibles carreras a la hora de ponerse o quitarse unas medias.

La experta concluye que estas son algunas percepciones personales, pero que, como todo, dependerá de la experiencia de cada persona. No todas las personas están igual de acostumbradas a llevar las uñas largas, ni tiene la misma destreza para las realizar las rutinas del día a día con ellas.