Cuando se habla de sexo anal se suele hacer en negativo. Es decir, que se piensa en tener cuidado con las infecciones de transmisión sexual, en la importancia de cuidar el aseo y por encima de todo, en evitar que se produzca ningún desgarro o herida durante la relación, además del hecho de que las persona que lo practican se sientan seguras y cómodas haciéndolo.

Todo esto es importante, qué duda cabe, pero a veces parece que falta algo en ese discurso. ¿Por qué si todo es tan complejo hay tantas personas adentrándose en el placer anal? Y es que se trata de una práctica sexual que también tiene sus cosas buenas, ¡si no a qué tanto revuelo!

“El sexo anal supone un placer físico y un placer psicológico”, aclara la sexóloga Norma Bejarano. “El primero porque físicamente el ano es una zona sensible, de musculatura concéntrica y cargada de terminaciones nerviosas. El esfínter anal es un músculo que se contrae de manera importante y eso lo hace placentero para muchas personas, hombres y mujeres, que asumen el riesgo de probar”.

Por otra parte, en cuanto a lo que supone a nivel psicológico, según Bejarano “Se relaciona con la fase anal de control, retención y expulsión. Pero también porque la situación influye poderosamente en el deseo y el deseo es probador de novedades”.

Teniendo esto en cuenta, estos son los principales beneficios del sexo anal:

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1) Aumenta la intimidad con la pareja: Más allá de la parte meramente física, lo cierto es que realizar esta práctica en pareja “Supone complicidad y confianza”, algo que también puede beneficiar otras áreas de la intimidad.

2) Abre nuevas posibilidades: Cuando se piensa en sexo anal se suele traducir por penetración anal, pero esto no tiene por qué ser así. También puede suponer innovar con juguetes sexuales en esta zona, jugar con las manos y, por qué no, también con la boca. “Dicen algunos autores que el ano tiene menos bacterias que la boca, por lo que él annilingus puede ser bienvenido también”, continúa Bejarano. Incluso, para los más atrevidos “Posibilita el juego de roles”, por ejemplo, a través del pegging, juego en el que la mujer penetra al hombre.

3) Menos riesgo de embarazo: Parece una cuestión obvia, pero el sexo anal no supone un riesgo de embarazo, aunque haya que usar preservativo para prevenir la transmisión de ITS igualmente. Sin embargo, saber que se evita el peligro de un embarazo no deseado ayuda a muchas parejas a relajarse y a dejarse llevar. “Si la mujer ensaya y decide que es algo disfrutable y satisfactorio, apto para incluir en su menú sexual, puede dejarse llevar por una práctica no reproductiva destinada únicamente para el placer”.

4) Mayor intensidad en el orgasmo: Otro de los motivos que llevan a adentrarse en el mundo del placer anal es la creencia popular de que a través del sexo anal se pueden disfrutar orgasmos más intensos. “El dato se puede tener en cuenta, pues el ano es una zona erógena, un punto de placer digno de ser excitable. Tiene muchas terminaciones nerviosas, e incluso más que la vagina, por lo que puede resultar eficaz para el gozo y por ende para el orgasmo femenino”, insiste la sexóloga, aunque matiza que la intensidad del orgasmo es algo relativo y que se trata de una vivencia subjetiva en cada mujer.