La facilidad de tener sexo casual es cada vez mayor y es por eso por lo que cada día nos preocupa más este tema. Antes, por cultura y/o por religión los hombres y las mujeres (a veces solo las segundas) no podían mantener un encuentro fortuito con nadie que no fuera su pareja, es decir, hasta después del matrimonio. Pero hoy, gracias a las barreras que hemos roto, la tecnología, las Apps y nuestra manera de ver y vivir el sexo, es mucho más fácil que alguien pueda tener o desear tener sexo casual y simplemente eso, sin emparejarse.

Se podría decir que hemos convertido las relaciones en una puerta giratoria ficticia que nos da la posibilidad de que alguien entre y salga de nuestra vida, o de nuestros encuentros eróticos, tan fácilmente y tan al alcance de nuestro mano como dejar un like o darle a bloquear. Ahora podemos hacer que alguien aparezca o desaparezca de nuestra vida en un segundo (aunque a veces sea más complicado que esto).

Pero por mucho que estemos un poco más abierto/as a este tipo de encuentros aún se sigue considerando una actividad que no se puede practicar sin que una de las dos partes (siempre se cree que la mujer y no tiene por qué) se enamore de la otra. Como si el sexo, follar o un encuentro con otra persona, llámalo como quieras, tuviera que tener siempre implícitas las emociones de vinculación.

Hay quien todavía cree que aquello/as que deciden practicar este tipo de encuentros tienen una necesidad insatisfecha, y no tiene por qué ser así, porque si realmente tienen muchos encuentros la necesidad fisiológica no existiría, aunque sí que es posible que haya una falta emocional o de necesidad de búsqueda de vinculación con otra persona. Por eso es necesario hacer dos grupos diferenciados para que se entienda mejor a aquello/as que deciden mantener este tipo de encuentros.

La primera categoría podría ser la de lo/as de “porque me apetece” y la otra “porque lo quiero hacer”. Los primeros son los que suelen tener sexo casual por atracción hacia la otra persona, es decir, que deciden acostarse con alguien porque les atrae y lo/a desean, porque querían experimentar o porque les apetece explorar su sexualidad. Y lo/as segundo/as son aquellos que necesitan factores externos para decidir tener este tipo de encuentros, como estar borracho/a, venganza o despecho, entre otros.

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En la primera categoría se podría hacer incluso dos subgrupos, los que tienen pareja y los que no. Hay muchas personas que tienen una relación estable y deciden (a veces de mutuo acuerdo y otras veces a escondidas de su pareja) mantener encuentros fortuitos con amantes, por puro placer, sin implicación de emociones. Por lo que el mito de que estas personas no pueden mantener una relación estable es completamente falso.

Habitualmente son lo/as de la segunda categoría, es decir, lo/as de “lo quiero hacer” lo/as que al día siguiente tienen remordimientos, se enfrentan a sus propios juicios o a su moral y tienen que romper con la idea que se tiene de este tipo de encuentros. Y son los que definitivamente tienen más papeletas para desarrollar una autoestima baja o deciden hacerlo (tener amantes y no pareja) porque creen que no son capaces de mantener o “conseguir” (como si consistiera en adquirir algo) una pareja estable y es por eso por lo que, o bien deciden optar por esta opción, o chulear de estar eligiendo esta opción. Dícese de aquello/as que al día siguiente chulean de haberse magreado con cinco o tirado a tres.

Pero entonces, ¿por qué las del primer grupo eligen tener vario/as amantes antes que tener pareja estable o estar solo y exclusivamente con su pareja estable? Una de las razones es la propia fantasía, a las personas a las que les gusta mucho fantasear pueden ver realizada su fantasía con mas posibilidades con una amante que con una pareja estable. A un/a desconocido/a le podemos dotar de cualquier tipo de personalidad mientras follamos, sin embargo, dotársela a alguien con el que acabas de discutir por no recoger la cocina es más complicado.

Otro de los motivos puede ser el hecho de que te guste probar cosas nuevas, romper las normas y la guía con la que habitualmente las parejas se acuestan, sobre todo cuando lo hacen por obligación, y experimentar el hecho de que la otra persona te sorprenda, que, en cierta manera, cedas las riendas. También te puedes permitir el lujo de ser más descarado/a, tener personalidades diferentes cada vez que te acuestas con alguien; con uno/a ser más romántico/a y con otro/a ser más atrevido/a y/o dominante.

La mayoría de las veces deciden tener amantes porque nuestro cerebro no está programado en la monogamia, es definitivamente improbable, que solo y exclusivamente deseemos a una persona. Es la sociedad, la cultura y, sobre todo, la religión, la que nos ha enseñado a vivir en monogamia y a construir la idea que tenemos de amor romántico y de propiedad de la otra persona. Somos nosotros/as las que decidimos vivir así, es una decisión, no es algo biológico.

Por eso podemos amar a muchas personas a la vez. El deseo es exactamente igual, nunca es unidireccional, solo depende del control de otro acto: lo que te apetezca hacer o de lo que quieras disfrutar o prohibirte.