De hecho, de cada 10 matrimonios que se producen en España, siete acaban en ruptura, según el informe Nupcialidad y Ruptura elaborado por el Instituto de Política Familia (IPF). El final del verano, así como el fin de las Navidades, suelen ser épocas en las que se multiplican los divorcios, que aunque no se materialicen de inmediato lo hacen en ocasiones tras unas semanas o meses. “Las vacaciones son la prueba más limpia para medir la salud de una pareja. Es cuando tenemos más tiempo libre y podemos prestar dedicación exclusiva a nuestra pareja, así como descubrir, para bien y para mal, cosas nuevas que no conocíamos”, explica el psicólogo y sexólogo Alberto Álamo, de Sexología y Emoción.

Es relativamente fácil, pues, mantener un frágil equilibrio con nuestra pareja cuando el día a día está repleto de quehaceres y obligaciones, cada uno tiene su propio círculo afectivo más allá de la pareja y cuesta salir del bucle de estrés y actividad. En verano todo ello se acaba y muchas personas regresan de las vacaciones junto a su pareja con la sensación de que algo ha fallado, un poso de insatisfacción que a menudo no se sabe exactamente de donde viene. Y es que no todo tiene que ser un desastre para plantearnos que tal vez nuestra relación está acabada. Basta con que hayan ocurrido algunas de esta cosas para, cuanto menos, reflexionar sobre el estado de salud de nuestra vida de pareja:

Nada de sexo

La sexualidad es un área importante en la pareja, puesto que, además, el deseo sexual no suele ser el mismo en ambos miembros. En el caso de las parejas que tienen pocas relaciones sexuales durante el año suele ocurrir, explica Álamo, “que generalmente una de las dos partes suele tener expectativas de reavivar la llama en vacaciones. Si no se encuentra una respuesta por la otra parte puede ser un signo de que algo está fallando”.

Se acabó el amor | iStock

Te aburres

“La manera de gestionar el tiempo en pareja dice mucho de la calidad de la relación”, explica el psicólogo, algo que a menudo queda eclipsado por las obligaciones y conversaciones relacionadas con el día a día. Muchas personas, además, descubren durante las vacaciones no solo que apenas tienen temas de conversación con sus parejas, sino que tampoco comparten apenas aficiones e inquietudes. Si esto ocurre, significa que es un buen momento para pararse a reflexionar y buscar maneras de afrontar la situación tanto a nivel individual como de pareja.

Te da rabia

“Puede ser normal que nos molesten algunas cosas de nuestra pareja, pero cuando se da una rabia irracional conviene pararse a pensar de dónde procede, “indagar en el por qué, en qué situaciones se da y qué es exactamente lo que la provoca”, explica Álamo, quien indica que en la mayoría de los casos “la respuesta no nos va a gustar”. Esta rabia suele traducirse en discusiones constantes, que pueden acabar convirtiendo las vacaciones en un auténtico infierno.

Existe una tercera persona

Álamo insiste en que todas estas situaciones se dan siempre en el marco de parejas monógamas convencionales, y que no pueden aplicarse de la misma manera “a aquellas personas que tienen la valentía de desafiar los convencionalismos asociados a la pareja y buscar nuevas maneras de relacionarse cuando no se encuentran satisfechas con el modelo establecido”. En el caso de las parejas monógamas, para Álamo es importante que ambos miembros se metan en la cabeza que “han firmado un contrato, a veces tácito, que establece una serie de compromisos, y uno de ellos suele ser el establecimiento de una exclusividad tanto erótica como afectiva”.

Por tanto, algo tan común en tiempos de Whatsapp como enviarse mensajes a diario con una tercera persona que de repente ha pasado a ocupar el centro de nuestros pensamientos, con la que pese a no tener un vínculo sexual si existen lazos afectivos, sería un indicio claro de que tal vez hay algo que falla si no en nuestra relación con nuestra pareja tal vez sí en el modelo consensuado. “Es importante tener en cuenta que nos vinculamos de la forma que nos enseña la sociedad, y a menudo el efecto novedad que representa la aparición de una tercera persona puede poner el riesgo la estabilidad de una pareja monógama. Hay quien apuesta por la vinculación y el compromiso y rechaza la inclusión de terceras personas a todos los niveles y quien decide que ha llegado el momento de replantear el concepto de exclusividad y trabajar en esa dirección. Ambas opciones son buenas siempre que no se incumpla ese contrato que existe en todas las parejas, sea cual sea”.

No visualizas un futuro en común

Es importante no crearse unas expectativas desmesuradas de lo que debería ser un viaje con la pareja (es probable que tras unos años no se den explosiones de sensaciones y emociones como suele ocurrir al principio), pero también es cierto que si cualquier cosa nos resulta una rutina incluso estando de vacaciones, y no nos hace ilusión pensar en un futuro en común, tal vez estemos ahí por motivos que no tienen nada que ver con el amor. Si es así, deberíamos al menos tener claro qué nos lleva a estar junto a esa persona y considerar de forma seria y madura si nos compensa.