Un mordisco en un momento de pasión o un pellizco casi vengativo. Esas son las dos imágenes más populares que solemos ver en las películas eróticas. cuando los amantes caen en la cuenta de que también pueden estimular sus pezones. Y es que pese a la controversia que causa su imagen en las redes sociales, en las artes amatorias no siempre logran tener un papel protagonista.

Gran parte del problema es que nos faltan recursos —o imaginación— para saber cómo estimular una zona tan sensible, para que realmente consigamos excitar a nuestra pareja, y no hacerla sentir incómoda. De hecho, en palabras de la sexóloga Ximena González. “Existen una gran cantidad de terminaciones nerviosas en nuestros pezones, pudiendo incluso llegar al orgasmo con la estimulación de los mismos, si se usa la técnica o técnicas adecuadas”.

En este sentido, la primera idea que aporta la experta es probar a acariciarlos lentamente, para probar si el tacto resulta agradable y jugar con diferentes niveles de presión. “Empezaríamos con roces suaves y delicados con la yema de los dedos, con movimientos lentos en círculos sobre la punta del pezón y poco a poco a los alrededores”.

El siguiente paso sería dejar que no solo jueguen nuestras manos, sino también nuestra boca, aunque antes de pasar a utilizar los dientes y la lengua, podemos simplemente jugar a probar diferentes sensaciones con el calor de nuestro aliento. “Sin llegar a tocar el pezón, utilizaremos solo la respiración o soplaremos muy despacio, y a medida que aumente el deseo, rozaremos con los labios en forma de círculos o con movimientos de arriba hacia abajo por pequeños lapsos de tiempo, ya que si se da una sobre estimulación conseguiremos el efecto contrario”.

Pareja | iStock

Si queremos dar un paso más, dejaremos que la lengua entre en acción, aprovechando las sensaciones que provocan su humedad y su porosidad. “Se puede besar y lamer directamente el pezón y toda la areola — insiste González— y si se trata de un pezón femenino, con las manos sostendremos el seno para darle más precisión”.

Aunque estos serían unos buenos pasos a seguir para ir aumento poco a poco la temperatura, y dedicándoles el tiempo adecuado, después podemos jugar a combinar movimientos y verbos. Es decir, que podemos jugar variando acciones como friccionar los pezones, chuparlos, lamerlos, morderlos, soplarlos, acariciarlos o por su puesto, pellizcarlos, pero siempre con cuidado. En cuanto a los movimientos, estos no solo tienen porqué ser de presión, sino también de arriba abajo, o de adentro hacia fuera.

Asimismo, otra opción es ayudarnos de ciertas herramientas para estimular los pezones, más allá de nuestro propio cuerpo. “Por ejemplo si usamos hielo para provocar cambios de temperatura, plumas recorriendo la punta del pezón y sus alrededores, alguna tela sedosa que se expanda en los pechos, cremas de tipo comestibles, etc.”, apunta González. Igualmente, para los más atrevidos, en tiendas eróticas se pueden encontrar pinzas para pezones y otro tipo de herramientas estimulantes.

Por último, hay que tener en cuenta es que no todos los pezones son iguales. Por ejemplo, en el caso de los pezones femeninos, su sensibilidad también dependerá de factores como nuestro ciclo menstrual. Igualmente, en el caso de haber pasado por una cirugía de mamas, si esta se ha realizado a través de la aureola, es posible que la sensibilidad de los pezones se vea afectada. Aunque en realidad hay que recordar que todos los pezones tienen diferentes grados de sensibilidad y que su estimulación dependerá, sobre todo, de los gustos de cada persona.