Uno de los motivos para hacerse Tinder es precisamente que según cumplimos años ya no salimos tanto de fiesta y eso reduce nuestras posibilidades de conocer gente nueva. En clase o en el trabajo ya has picoteado o has descartado a los posibles ligues y quedar con amigos de amigos no es tan fácil ahora que todo el mundo parece muy ocupado. Por eso, cuando nos llega una invitación a una boda, inevitablemente, pensamos en si habrá otras personas solteras en la boda con las que intimar.

No obstante, el dicho de “de una boda sale otra” no es solo un refrán popular, sino la realidad de muchas parejas que precisamente se conocieron en el gran día de unos amigos o familiares. Consultando en el portal Bodas.net sobre este mismo tema, aparecen testimonios como el de Adela, a la que los novios ya le ficharon un posible pretendiente y acertaron de lleno: “Nos sentaron en la misma mesa, aunque empezamos a hablar en la mesa de jamón (...) me sacó a bailar una y otra vez y acabó preguntándome que cómo nos podíamos volver a ver”. De hecho todo el mundo conoce alguna historia parecida, incluso de personas que fueron con sus respectivas parejas y durante una boda encontraron al que acabó siendo el amor de sus vidas.

Pero, ¿parece tan fácil como cuentan? ¿Es tan sencillo ligar en una boda o al final todo es cuestión de suerte?

Para la sexóloga Marina Agis la respuesta es sencilla: “Si se quiere, se puede”. Y es que al fin y al cabo “Las bodas suelen durar largas horas, normalmente empiezan durante el día y se alargan hasta altas horas de la noche, lo que permite pasar por varios procesos de a la hora de seducir: las miradas cruzadas, el acercamiento, las dudas…; en fin, todo ese proceso tan divertido”.

Sin embargo, señala que aunque siempre haya anécdotas de parejas que se conocieron en una boda, no en todas las bodas se da la ocasión, ni siempre habrá alguien que nos atraiga entre los invitados y, por lo tanto, hay que saber manejar las expectativas. “Es cierto que normalmente cuando acudimos a una boda nos invade un sentimiento y un deseo de vivir un momento como ese”, pero si nos obsesionamos demasiado caemos en la tentación de ir un poco a la desesperada, en vez de dejar que las cosas fluyan con naturalidad en el caso de que surja la ocasión.

Ligar | iStock

No obstante, si Cupido hace de las suyas y tenemos un match en vivo y en directo con alguno o alguna de los invitados, hay ciertos consejos que la sexóloga cree que podemos tener en cuenta. “El coqueteo en este caso es imprescindible, de esta forma nos daremos cuenta por las reacciones de la persona que tenemos enfrente, primero de si tiene pareja y segundo si esa persona está interesada por nosotras o no”.

Muchas veces los novios pueden actuar de compinches y darnos alguna de pista sobre el estado actual de esa persona o incluso por si creen que tenemos algún tema en común con el que poder iniciar una conversación. Si no, se puede aprovechar el propio contexto, y es que en una boda siempre hay temas que sacar, tales como si se viene de parte del novio o de la novia, de qué les conoces, alguna anécdota sobre otros invitados, etc.

En el caso de que no estemos buscando el amor de nuestras vidas, sino solo una noche movidita, las bodas también pueden ser un momento perfecto para un buen revolcón, si se sabe encontrar el lugar y el momento, para no quitarles el protagonismo a los novios.

“En estas ocasiones lo más recurrente son los baños, mayoritariamente porque es lo que más a mano tenemos”. Sin embargo, “Se ha puesto de moda en los últimos tiempos celebrar las bodas en fincas o cortijos donde se suelen alquilar habitaciones para pernoctar ese día y no tener que coger coche, por lo que en estos casos lo más factible y cómodo sería subir un ratito y volver a la fiesta. Si este es el caso, pero sin habitación, estos lugares tienen un montón de espacios alejados del centro de la fiesta donde vamos a disponer de más privacidad”, concluye Agis.