Con la llegada del mes de diciembre, llega la época de las cenas de Navidad. Lo que antes era una costumbre exclusiva de familias y de compañeros de trabajo, ahora es también una celebración típica entre grupos de amigos. Y es que en tiempos en los que parece imposible cuadrar una tarde en la que todas las amigas puedan quedar a tomar un café, la cena de navidad anual parece la excusa perfecta para ponerse al día.

Sin embargo, si has pasado la treintena, y actualmente estás soltera, puede que estas cenas se conviertan en todo un reto si eres la única soltera del grupo, y todo el mudo acude con sus respectivas parejas. “Ser la única soltera en este tipo de cenas puede ser incómodo dependiendo de la relación que se tenga con esas parejas, de las dinámicas típicas del grupo y de lo acostumbrada que estés tú y el resto a verte soltera”, aporta la psicóloga Inma Ríos.

Respecto a cuál es esa diferencia, la experta señala que “Si tu soltería es lo más habitual o a lo que más acostumbrados están los miembros del grupo, no sentirás ninguna incomodidad añadida, pero si vienes de una relación duradera y que has compartido con el resto de personas asistentes, es muy probable que sientas cierta sensación de vacío (también ocurre con aquellas personas que acostumbran a ir acompañadas de su pareja y no viene en esa ocasión)”.

En estos casos puede ser que la conversación se centre precisamente en nuestra soltería, y que no siempre nos apetezca responder a según qué preguntas. Si la ruptura ha sido reciente y es el “acontecimiento” más comentado por el grupo, seguramente habrá preguntas al respecto que quizás nos apeteciera comentar en un ambiente íntimo, pero no en una cena con más personas con las que no siempre tenemos el mismo nivel de confianza. Por eso será importante saber cómo evitarlas, pero sin crear una situación tensa.

Celebración de Navidad | iStock

Por otra parte, si ya ha pasado un tiempo desde esa última relación, puede que las preguntas giren en torno a nuestra vida íntima, sobre todo si el resto del grupo no ha vivido una época Tinder y tienen curiosidad, o en el intento constante de buscarnos una pareja, sea eso lo que necesitamos o no. “Si los comentarios resultan ofensivos, ‘no hay mejor desprecio que no hacer aprecio’, pero si no lo son, mi consejo es ser directa y sincera, demostrando la valía de esta elección personal sin intentar convencer a nadie de nada más que de la importancia del respeto”, insiste Ríos.

Otra opción es que la conversación se centre, por el contrario, demasiado en los demás, por ejemplo, si la cena se convierte en un monotema entre bebés y futuras bodas del grupo, y nadie se molesta en preguntar un “qué tal” o en introducir cualquier otro tema en el que todos puedan participar. Si bien es obvio que hay ciertos teman que tienden a copar un poco la atención, y esto puede ser natural, también nos puede cansar sentir que ya solo podemos hablar de ciertos temas y que hemos perdido la naturalidad para introducir cualquier otro tipo de conversación.

“Una forma de reconducir las conversaciones cuando son tediosas o no nos aportan nada en absoluto, es la de, cuando vemos que se excede en el tiempo, provocar cambios de temática introduciendo o añadiendo aspectos incompatibles con el tema (ej: proponer un brindis, un juego, hablar de proyectos personales o directamente mostrar fotos de tus amigas de adolescentes... esto no falla)”, aconseja la psicóloga en estas situaciones.

Por último, Ríos, reflexiona que muchas veces la incomodidad está sobre todo en nuestra cabeza y que a veces tendemos a dar importancia detalles que puede que realmente no lo tengan tanto. “Si nosotros nos encontramos cómodos, la situación de los demás no suele afectarnos, a no ser que lo expresen abiertamente. Por tanto, esta suele ser muchas veces una incomodidad percibida por la persona soltera, pero no por sus amistades”, apunta como reflexión final.