Tenemos la idea de que la sexualidad es algo estable, cuando es totalmente lo contrario. Nuestra vida sexual evoluciona con nosotras y cambia según los momentos de la vida. No es la misma experiencia con una pareja estable que con amantes de ocasión, ni cuando somos adolescentes, a después del parto o tras la menopausia. Sin embargo, si bien tenemos más o menos claro que hay ciertos hitos que tendremos que enfrentar, a veces lo cambios en nuestro cuerpo y nuestra sexualidad llegan sin avisar. Por ejemplo, cuando tenemos que enfrentar una enfermedad.

Bien puede ser tras un cáncer de mama, cuando tenemos que enfrentar los cambios en nuestro cuerpo que supone el tratamiento, o una patología como la psoriasis, que puede aparecer con brotes en la zona genital, y por lo tanto, dificultad la penetración. A veces será nuestro cuerpo el que no se sienta igual, y otras será el de la pareja el que ha cambiado. Pero sea como sea, no hay que ver los cambios como una barrera, sino como una oportunidad. La oportunidad de reinventarse.

“Puede ser una oportunidad para redescubrir el placer fomentando la comunicación en pareja, el cariño y la vinculación afectiva con ella. También para dejarnos seducir por el erotismo, como en cada etapa de la vida en la que se suceden cambios del tipo que sean”, expone Silvia Romero Carrillo, médica general y experta en sexualidad en Sexaturando.

Pese a ello, lo más común es que en estos momentos la sexualidad se vea resentida y nos sintamos perdidas respecto a cómo abordar la misma. “Esa inseguridad cuando la penetración no es posible o es dolorosa, surge del coitocentrismo imperante en la sociedad. Una relación erótica no se considera completa si no hay coito desde tiempos inmemoriales”, reflexiona Romero. Asimismo, otra cuestión es que “Puede haber miedo al rechazo por parte de la pareja cuando ha habido un antes y un después motivado por algún cambio de la índole que sea”.

Pareja | iStock

De esta forma, la clave, según la experta es llegar a comprender que “Relación erótica y satisfacción no es igual a coito y orgasmo. Puede surgir la misma satisfacción de un encuentro en el que no haya ni uno ni otro”. Así, este será un buen momento para reencontrarnos con la pareja y entre ambos, buscar nuevas experiencias que nos puedan resultar satisfactorias. Estas pueden ir desde cosas tan sencillas como amortizar el sexo oral, recurrir a elementos como los juguetes eróticos que nos ayuden a recrear sensaciones, o descubrir otras formas de despertar el deseo como el BDSM, donde la penetración no es ni mucho menos lo más importante. Los límites solo los ponemos nosotros.

Si bien podemos tener la teoría clara, otra cosa es llevarla a la práctica. Por ello hay que tomárselo con calma y no convertir el tema del sexo en algo obsesivo. Se trata de un proceso en el que ir dando pasos, no de un objetivo a corto plazo. El primero de ellos, antes de volver a interactuar con la pareja, o con amantes esporádicos, será el de trabajar la aceptación de los cambios y reconstruir nuestra autoestima. “Se trata de dejar a un lado las inseguridades desmitificando el cuerpo ideal”, insiste Romero.

La siguiente fase será explorar por nosotras mismas los cambios en nuestro cuerpo, y en nuestro deseo, buscando nuevas formas de excitarnos. Después será el momento de poner en común estas necesidades con la pareja, sin olvidar que el sexo es también una fuente de bienestar. “Es muy importante permitirse el placer y aceptar que las caricias, los besos y los abrazos generan endorfinas y son la mejor medicina para el alma”, concluye Silvia Romero, recordando que recomponer nuestra vida sexual es también un factor favorable en el abordaje de la enfermedad.