Nada de duchas vaginales

Nada de duchas vaginales

¿Cómo debe ser la higiene tras el sexo?

Tras el coito, lo recomendable es un lavado con agua y jabón neutro, prescindiendo de esponjas o toallitas húmedas.

Pareja en la cama
Pareja en la cama | iStock
Silvia C. Carpallo
  Madrid | 13/06/2019

En las películas románticas, tras una sesión de sexo, se suelen quedar mirándose a los ojos con cara de alucinados y acurrucados en la cama hasta quedarse dormidos. En la vida real, por norma general, tras una sesión de sexo, antes de quedarnos dormidos, solemos hacer una parada técnica para ir al baño. Puede que porque hayamos utilizado algún gel o lubricante, o simplemente porque no usamos un método de anticonceptivo barrera y hay restos de fluidos y semen en la zona genital, que preferimos limpiar. Pero, ¿realizamos correctamente la higiene después del coito? ¿Hay algún paso que nos estemos saltando? O peor, ¿estamos “lavando” de más?

A estas preguntas, Rosa Darriba Marino, ginecóloga del Hospital Vithas Nuestra Señora de Fátima (Vigo), afirma tajante: “Tanto antes como después de mantener relaciones sexuales, es conveniente el aseo de los genitales, y, por supuesto, la higiene en general, de manos, boca, etc”.

La cuestión, por tanto, es cómo debemos proceder en este aseo. “Lo más adecuado es con agua y un jabón o solución de lavado neutra, y, por supuesto, siempre de adelante hacia atrás, con la mano y limpiando bien los pliegues entre los labios sin olvidar la zona alrededor del ano”.

Parecen unas indicaciones sencillas, pero lo cierto es que no todo el mundo las cumple. De hecho, uno de los apuntes que hace la ginecóloga es que “No es recomendable el uso de esponjas y hay que evitar las toallitas húmedas”, algo que sin embargo suele ser habitual, sobre todo si la sesión de sexo nos pilla en un sitio donde no hay cuarto de baño.

Otro falso mito en torno a la higiene tras el coito es la necesidad de lo que se conoce como los lavados vaginales, es decir, lavar o irrigar el interior de la vagina con agua u otros líquidos. Si bien ya es una práctica mucho menos extendida que hace unos 30 años, lo cierto es que aún es fácil encontrar en internet herramientas para realizarlos.

La idea que hizo famosas a las mismas es que no solo mejoraban la higiene, sino que prevenían de las infecciones de transmisión sexual e incluso, impedían embarazos no deseados, algo totalmente falso. “Las duchas vaginales alteran el ecosistema vaginal disminuyendo las defensas naturales y aumentando el riesgo de infecciones”, argumenta Darriba, dejando claro que este tipo de prácticas no son nada recomendables.

Higiene | iStock

En cuanto a la importancia de la higiene tras el coito, la ginecóloga insiste en que no es una cuestión baladí. “Una higiene adecuada, aunque no evita las infecciones, siempre es un factor favorable para disminuir ese riesgo junto con otros, como el uso de preservativo”.

A este respecto, recuerda que “En las infecciones en general, y también en las genitales, influyen muchos factores. Por un lado está el contacto con los gérmenes (virus, hongos, bacterias) bien sea por contagio o incluso bacterias de nuestro propio organismo (tubo digestivo, piel); y, por otro, nuestro sistema de defensa, nuestra inmunidad”.

Sobre esta cuestión, cabe recordar que otra idea a tener en cuenta es orinar tras el coito. La ginecóloga Myriam Ribes aclara que, aunque no hay una evidencia clara, “Sí es cierto que durante las relaciones sexuales hay más posibilidad de contaminación bacteriana, por bacterias propias o ajenas”. De esta forma, el orinar después de una penetración vaginal, supone que “El flujo de orina puede arrastrar bacterias hacia el exterior y disminuir, por ese efecto mecánico, la posibilidad de infección”, sobre todo para las mujeres más propensas a tener infecciones urinarias.

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