Cuando pensamos en quedarnos embarazadas, o cuando por fin llega ese momento, son muchas las dudas que nos asaltan. Generalmente, las primeras tienen que ver con el propio desarrollo del bebé, e incluso con cómo será el momento del parto. Pero no hay que olvidar que en ese proceso vital también se producen cambios en nuestro cuerpo, incluso después de la llegada del bebé. Algunos de esos cambios se producen respecto a la anatomía de nuestra vagina y nuestra vulva, y no siempre tenemos claro cómo abordaremos los mismos o si influirán en nuestra vida sexual.

A este respecto, Ana Román, jefa de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, expone que este es un tema que cada vez se aborda más en la consulta, en la que se dan claves sobre la recuperación del suelo pélvico. “De hecho, existen las llamadas Unidades de Suelo Pélvico en las que se previenen, diagnostican y tratan las diferentes patologías que afectan al suelo pélvico como el prolapso genital, y la incontinencia urinaria y fecal”.

Pese a conocer los ejercicios que hay que realizar, como los conocidos ejercicios Kegels y los abdominales hipopresivos, quizás nos falta más información respecto a cuáles son los cambios que sufre la propia vagina y por qué se producen.

“El paso de la cabeza fetal a través del canal del parto hasta su expulsión produce la distensión y estiramiento de los músculos del suelo pélvico. De esta forma, los músculos del periné durante el embarazo tienen una mayor capacidad de sobre estiramiento para facilitar la distensión fisiológica necesaria para la expulsión fetal. La vagina, por tanto, también se dilata y distiende”, aclara la ginecóloga.

Embarazada | iStock

Respecto a cómo afecta este cambio de nuestra anatomía en las relaciones sexuales con penetración, Román apunta que “Si tras el parto se consigue una recuperación adecuada del tono muscular del suelo pélvico, las relaciones sexuales no tienen por qué experimentar cambio alguno”. Así, el mensaje de la experta es que “En la mayoría de los pacientes mejora de forma significativa el tono de los músculos del suelo pélvico”. Todo ello teniendo en cuenta que “El periodo de recuperación posterior puede variar entre 6 meses y 1 año”.

Pese a ello, “En algunas ocasiones se puede notar una cierta pérdida de tono en las paredes de la vagina (distensión, mayor calibre) o incluso dolor en la penetración si tras la reparación de una episiotomía el introito queda reducido por un exceso de cicatrización, aunque esta circunstancia no es frecuente”.

En cuanto cómo se puede trabajar en la recuperación del suelo pélvico, además de acudir a una unidad especializada, la ginecóloga informa de que los ejercicios han de realizarse en el momento oportuno “En los 8 o 12 primeros días después del parto se sobrecargaría la zona que está cicatrizando”, pero a partir de este momento se iniciarán los ejercicios de contracción del suelo pélvico poco a poco haciéndolos coincidir, por ejemplo, con ciertas actividades cotidianas: dar de mamar al niño, la ducha diaria, etc.

Igualmente, es importante saber que “Existen también otras técnicas de recuperación específicas para el suelo pélvico como la electroestimulación (estimulación eléctrica con electrodos anales, vaginales y perineales), los conos vaginales o bolas chinas y la gimnasia abdominal hipopresiva”, insiste Román.

Otra pregunta habitual es si todas las mujeres tienen la misma capacidad de recuperación o si depende de diferentes factores. De hecho, “En la disfunción del suelo pélvico pueden influir otros factores como la edad, el tabaquismo, la obesidad, la deprivación hormonal que conlleva la menopausia, el consumo de cafeína, el estreñimiento y determinadas actividades físicas que aumenten considerablemente la presión intraabdominal”, según la ginecóloga. De esta forma, la recuperación de esta parte de la anatomía no será igual en todas las mujeres.

Por último, Ana Román recuerda que tampoco es lo mismo un primer parto, que los siguientes. “Indudablemente, la paridad es un factor importante en el debilitamiento del suelo pélvico. “A mayor paridad, mayor frecuencia de disfunción del suelo pélvico, que se puede traducir en diferentes grados de prolapso genital e incontinencia urinaria o fecal”. Por lo que debe ser un factor a tener en cuenta.