Alejandra lleva cuatro días en Marruecos: su alimentación ha cambiado por completo, lógico, la gastronomía allí no tiene que ver con la de su casa. También, su forma de hidratarse: está bebiendo mucha menos agua de lo habitual y además, abusando de los tés morunos. Conclusión: Alejandra está hinchada como un globo y no consigue ir al servicio por mucho que quiera. Siente como una piedra en su estómago.

Lo sabemos, casi diríamos que podríamos hacernos camisetas con el mensaje “Estreñidos sin fronteras”. Cuando uno sale allende los mares a conocer mundo, es lógico que su tránsito intestinal se vea afectado pero vamos a darte unos consejos para intentar paliar este fenómeno que no es grave pero sí, muy molesto:

- A hidratarse mucho: intenta beber mucho líquido, sobre todo, agua o infusiones. Evita el café y los tés: el café retiene líquidos, no te interesa, ya estás reteniendo de todo y el té es muy astringente. Hay infusiones muy adecuadas para este problema, como la de arraclán o la zaragatona, que ayuda a lubricar las paredes intestinales. La menta poleo y la manzanilla de toda la vida también pueden ayudarte.

- Abusa de frutas y verduras: si las condiciones higiénicas del país donde te encuentres lo permiten, dale a la verdura, sobre todo la de hoja verde (que tiene mucha fibra) y a la fruta, mejor, la que puedas comer con piel. La fruta puedes tomarla en el desayuno o a cualquier hora. Las ciruelas, por ejemplo, son mano de santo.

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- En esto del estreñimiento, cada maestrillo tiene su librillo: unos yogures en el desayuno pueden venir fenomenal. También, si el “atasco” dura ya muchos días, un par de cucharadas de cualquier mermelada. En ayunas. Y todo regado de mucha agua, como hemos dicho más arriba.

- Evita, en la medida de lo posible, los azúcares, que no harán sino hincharte más y añadirte más sensación de pesadez.

- Prueba con el zumo de hinojo: el hinojo, además de reducir los gases, ayuda a digerir mejor los alimentos. Prueba a hacerte un zumo con un hinojo, dos manzanas y un puñado de menta.

- Semillas de lino, pero consúmelas después de haber estado en remojo. Puedes tomarlas en el desayuno: las dejas previamente en un yogur por la noche, en la nevera. Y las tomas al desayuno. Verás cómo te sientan fenomenal.

- Prueba a hacerte una compota laxante natural (y nada de ir a pillar laxantes a la farmacia, puesto que luego tu cuerpo se acostumbra a ellos). Elabora una compota con manzana, que cocerás sin quitar la piel y con ciruelas secas. Endulza con un poco de miel. Tritura todo y a comer.