Si ya nos sentimos preocupados en exceso por culpa del coronavirus, no deberíamos buscar otra cosa por la que sentirnos mal. No es momento de comer en exceso, pero tampoco de pasar hambre con una dieta absurda. Durante el confinamiento, se trata de encontrar el equilibrio emocional que nos aporte fuerza para superar este difícil momento. Y para eso necesitamos comer bien. Se puede obtener positividad de los alimentos.

Sé realista. No quieres ponerte a dieta para renovar tu piel, para coger el hábito de una alimentación saludable, y mucho menos aprovechar este tiempo para mejorar tu salud intestinal (¿quién se lo cree?). Quieres ponerte a plan para salir de la cuarentena con la operación bikini ya hecha. Y no es que sea una mala idea, pero quizás no has pensado en las consecuencias psicológicas que puede tener ahora para ti seguir un ayuno súper restrictivo.

Comer de acuerdo con un plan híper específico es estresante y te aleja de cosas como la pasta, el vino o el chocolate (tan capaces de levantar el ánimo en estos momentos) para terminar odiándote a ti misma por haberte comido un bolsa de patatas. No tiene sentido, y menos en cuarentena. Un régimen severo que no siga una recomendación médica afecta negativamente a la salud mental de las personas. Lo dicen los psicólogos. Así que empieza por descartar estas tres de tu lista de posibles dietas a seguir estos días. No te harán ningún bien.

Whole 30

Cada principio de mes (sobre todo en enero) es la dieta más buscada en internet. Se trata de un plan detox que impone una prohibición de 30 días a alimentos como el azúcar añadido, el edulcorante, la soja, los cacahuetes, las legumbres, los lácteos, y por supuesto casi todos los alimentos procesados y las bebidas alcohólicas. Si consumes una de dichas sustancias, debes empezar de nuevo, ya estés en el tercer día o en el 27. La teoría, más propia de una secta que de una dieta contrastada por especialistas en nutrición, es que estos productos causan inflamación en el cuerpo, y omitirlos sin más reduce los antojos y aumenta el metabolismo. Y se quedan tan anchos.

Vamos a ver. Si bien reducir los alimentos procesados y el alcohol es bueno para nuestra salud, no hay evidencia alguna que asegure que seguir este plan acabe con las ganas de picar entre horas y mucho menos que aumente la quema de calorías. Partimos de la base de que ni esta ni ninguna dieta puede "restablecer" por completo nuestro cuerpo.

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Pegan

Creada en 2014 por Mark Hyman, esta dieta es una mezcla de paleo (sin alimentos procesados, lácteos, alcohol, azúcar añadido o cereales, tal y cómo se alimentaban nuestros antepasados en el paleolítico), y veganismo (sin productos de origen animal). Sin embargo, sí permite determinadas proteínas animales criadas de manera sostenible, es decir, alimentadas con pasto, pescado y huevos, al igual que cereales y legumbres sin gluten. Entonces, ¿no es una especie de versión restrictiva de la dieta mediterránea? Sí y no, porque insiste en pescados y grasas saludables, pero demoniza los lácteos y el gluten, que van bien para la mayoría de las personas.

Piensa: decirle a una persona sin alergias ni intolerancias ni manías que los alimentos ricos en nutrientes son malos, solo fomenta una relación insana con la alimentación. No, la dieta pegan tampoco es una panacea ni tiene el secreto de la eterna juventud saludable, por mucho que sus recetas sigan siendo las más buscadas en Google.

Ayuno intermitente

La última moda. Una dieta, por llamarla de alguna manera, que te permite comer lo que quieras… pero sólo durante determinadas horas o días de la semana. O lo que es lo mismo, un régimen que nos invita a subirnos a una montaña rusa anímica que pasar por permanecer durante largos períodos de tiempo (que pueden ser de hasta 16 horas) sin ingerir absolutamente nada. Como si no tuviéramos ya suficiente con el vaivén emocional.

Por ridículo que parezca, es una de las dietas que más ha dado que hablar en los últimos meses. Afortunadamente, la ciencia se muestra mucho menos entusiasta con sus dudosos beneficios. Hay estudios que sugieren que la restricción calórica puede aumentar la esperanza de vida en según qué animales, pero hasta ahora no en los humanos. Un ayuno excesivo, definitivamente, puede provocar el efecto contrario. Puede hacer que algunas personas acaben ingiriendo mucho más cuando vuelven a comer, de lo que lo que harían siguiendo unos horarios razonables. Al fin y al cabo, nuestro cuerpo está preparado para consumir más después de una restricción de alimento excesiva. Así que, por si nos quedaba alguna duda: Esto. También. Es. Inútil.