Los que teletrabajan se pasan muchas horas sentados delante del ordenador: antes, en la oficina. Ahora, en nuestras casa y a lo mejor la silla o la mesa no son las más adecuadas para ello. Además, antes del estado de alarma al menos nos teníamos que desplazar al puesto de trabajo: ahora, ni eso.

O sea, se dan varias variables: nos movemos menos, quizás la silla no sea la más adecuada y nos estemos sentando mal (nadie nos ve, no estamos en la oficina)… Por estas y muchas otras razones quizás debieras plantearte que ha llegado el momento de sustituir tu silla de trabajo por una pelota de pilates o fitball. Y te vamos a dar las razones para hacerlo: no lo dudes, que saldrás ganando aunque al principio no lo veas.

“Cuando en vez de sentarnos en una silla convencional lo hacemos sobre un fitball u otro tipo de asiento inestable, nuestra musculatura postural, tanto del abdomen como de la espalda y del suelo pélvico, ante el desequilibrio se activa, para no caernos. Esto significa que, prácticamente sin darnos cuenta, sin hacer un ejercicio voluntario, nuestra musculatura profunda se ve beneficiada a través de ese entrenamiento postural al que nos somete el fitball o silla ergonómica”, explica Laura Rojas, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico y co fundadora de En Suelo Firme.

Fitball | iStock

¿Cómo saber si lo estoy haciendo bien?

“Es complicado adoptar malas posturas sobre una superficie inestable. Ya que, si encorvamos nuestro tronco o colocamos la pelvis en una posición incorrecta, nos desequilibraremos por no decir que, directamente, nos caeremos. Lo que sí habría que hacer es comprobar que el resto del mobiliario de nuestro puesto de trabajo se adapta a nuestro nuevo asiento ergonómico. Teniendo en cuenta la altura del fitball, habremos de regular la altura de la mesa y la posición del monitor si trabajas con ordenador”, aclara la fisioterapeuta.

Eso sí, cuando te pongas, no te pases la totalidad de horas de trabajo sentada en el fitball: deberás ir trabajándolo progresivamente y combinar la pelota con el que ha venido siendo tu asiento habitual. “Por ejemplo, comenzar con un 25% del tiempo que pasamos sentados e ir aumentando progresivamente según nos vayamos sintiendo a gusto hasta completar el 100% del tiempo. Ya que si nuestra musculatura profunda del abdomen y de la espalda se encuentran debilitadas (y esto es lo más frecuente entre la población general) puede ser habitual sentir molestias asociadas a la fatiga de esta musculatura que no está acostumbrada a trabajar de forma intensa en nuestra vida cotidiana, plagada de malas posturas”.

La experta da otra serie de consejos a la hora de trabajar: “No sólo es importante la forma en que nos sentamos, sino que es esencial tratar de reducir este tiempo de sedestación todo lo posible. ¿Cómo? Cambiando de sentados a de pie (por ejemplo, para leer informes), ratos caminando (si necesitamos hacer una llamada de trabajo con el móvil), y, por supuesto, realizar pausas de, al menos, 5 minutos cada hora para movernos un poco, realizar estiramientos, subir y bajar escaleras, etc”.