Falta empatía y educación

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Gordofobia: ¿más cruel en verano?

La dictadura de los cuerpos perfectos explosiona en verano. La publicidad nos intoxica con continuos anuncios sobre cómo combatir la celulitis, perder dos tallas en dos semanas o lucir una figura más esbelta con el enésimo producto milagroso de turno. Para muchas personas semejante bombardeo se convierte en un absoluto infierno, especialmente para aquellas cuyo físico no cumple el canon de delgadez socialmente aceptado.

Mujer obesa
Mujer obesa | iStock

Doctora Glas (@DoctoraGlas) | Madrid | 18/07/2018

Lydia C. tiene 24 años y pesa 89 kilos. No tiene reparo en admitir cómo el rechazo a las personas gordas, lo que se conoce como gordofobia, forma parte de su día a día: “En invierno les da igual como estés, lo que peses, pero en cuanto llega el verano y te ven las mollas empiezan a hablarte de salud. Empiezan las miradas y las risitas de los grupos. Hasta hay gente que te increpa en la calle y opina sobre tu físico. Es como si por ser gorda no pudieras salir a la calle”, comenta.

Según un estudio realizado en 2016 entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y un grupo de investigadores del Imperal College de Londres, España es el segundo país de Europa que tiene más personas obesas. El dato es alarmante, pero la realidad esconde no solo un problema de salud sino también un problema social: la marginación a la que se enfrentan las personas gordas en nuestra sociedad por el mero hecho de ser gordas. Así lo señala el Primer Estudio sobre el trato en internet a las personas con obesidad y sobrepeso que cuenta con el aval de la Sociedad para el Estudio de la Obesidad y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.

En el estudio se han analizado 34.205 mensajes y comentarios online en Twitter, prensa escrita, foros o búsquedas en Google que hacen referencia a personas con obesidad y sobrepeso. Sobre esta muestra se han arrojado algunas de las siguientes conclusiones en el ámbito de Twitter: el 76% de los mensajes tiene como objetivo el insulto a otras personas o el autoinsulto y el 53% de los insultos procede de hombres frente al 27% de mujeres.

Para Lydia C., el rechazo, la violencia y el insulto se encuentran en otros espacios, más allá de internet, como la calle, el médico o cuando entra a una tienda: “Durante todo el año puedes encontrar con cierta dificultad ropa de tu talla. Sin embargo, cuando llega el verano solo encuentras cosas de mujer mayor: colores apagados, estampados aburridos... ¿Unos pantalones cortos de la talla 50? Puedes tardar casi todo el verano en encontrar unos que no sean los que lleva tu abuela”, explica divertida.

Obesidad | iStock

Por si fuera poco, los comentarios de la gente no suelen ser tampoco muy agradables. ¿Falta empatía? ¿Más educación? Al respecto, comenta: “A veces la gente es muy ignorante. Básicamente porque se preocupan por lo que ven por fuera, pero una vez que les dices que tus analíticas son buenas, que no estas enferma por ser gorda sino que eres gorda por estar enferma (hipotiroidismo), no saben bien qué responder. Esa gente es muy hipócrita, por un lado me dicen que tengo que adelgazar por salud y por otro ellos siguen teniendo hábitos poco saludables, por ejemplo, fuman o comen mal. Es paradójico porque cuestionan mi salud y dan por hecho que no nos cuidamos cuando la mayoría de nosotras nos cuidamos el doble solo por la presión que ejerce la sociedad sobre nosotras”.

No obstante, la gordofobia no es un asunto exclusivo de mujeres. Según Carlos Savoie, enfermero y activista LGTBI, se manifiesta de forma diferente si eres hombre o mujer, incluso la actitud es distinta si se trata de un chico heterosexual o un chico homosexual: “Habrá cosas en común, evidentemente, pero también especificidades que es importante tener en cuenta. Y ya sin contar otras diversidades: gordo y discapacitado, gordo y seropositivo… La presión corporal que se vive actualmente en el ambiente gay es absolutamente asfixiante. Lo único positivo es que las maricas, siguiendo nuestra tradición de crear espacios de supervivencia ante las violencias que vivimos, inventamos el “ambiente bear”, el cual supone para muchos gays gordos, peludos o viejos un balón de oxígeno ante la dictadura de las tabletas de chocolate, los bíceps abultados y los pollones de 20 centímetros”, comenta.

Otra cuestión que él pone sobre la mesa es que la gordura, independientemente de la causa que la provoque, se asocia a una serie de valores negativos como la holgazanería, la pereza, la glotonería, la ansiedad, la tristeza, la compulsión, la lentitud o el fracaso. También se la relaciona con valores positivos, aunque en menor medida, como la amabilidad, la ternura, la dulzura o la alegría: “Estos prejuicios, tanto negativos como positivos, hacen que las personas gordas vivamos situaciones de acoso y discriminación en multitud de situaciones basados en estos estereotipos: a la hora de practicar sexo, de ir a comprar a una tienda, paseando por la calle, en grupos de amigos y familiares, a la hora de acceder a un puesto de trabajo o en nuestras relaciones de pareja”, afirma.

Tanto Lydia como Carlos han vivido situaciones similares: aguantan miradas indiscretas, reciben insultos, se sienten presionados o en determinados momentos de su vida han tenido que justificarse por su peso. También coinciden en su visión sobre las denominadas modelos curvy. Pese a que estas modelos pretenden arañar el idea de belleza basado en la delgadez, no convencen: “Creo que con ello se está creando una especie de `élite gorda´, es decir, el capitalismo nos dice que la única manera de “perdonarnos la vida” (y ni aún así pues seguimos siendo gordas y, por tanto, feas para los cánones de belleza actuales) es cumpliendo una serie de estándares aún dentro de la propia gordura. Vamos, que además de ser gorda, lo curvy nos dice que además hay que ser simétrica, agradable a la vista, joven, maquillada, depilada, con una ropa y estética determinada… para que `te acepten´, para `tener un pase´ y te dejen jugar a ser guapa (aunque nunca lo serás realmente para el sistema porque eres gorda). Vamos, la misma mierda del `es gordita pero es mona de cara´ de toda la vida, pero con purpurina”, reflexiona Carlos.

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