El sistema linfático es una red de órganos, vasos y ganglios linfáticos ubicados en todo el cuerpo. Los ganglios linfáticos, pertenecientes al sistema inmunológico y los encargados de defender el organismo frente a agresiones, están repartidos por todo el cuerpo. Los podemos encontrar en zonas accesibles como las cervicales, las axilas, la zona inguinal.. y también a nivel interno en el tórax y abdomen. “Todos los ganglios son susceptibles de inflamarse o agrandarse, bien de forma localizada o generalizada”, comenta el doctor Jorge Julián Fernández Martín, especialista en Medicina Interna en Vigo y miembro de Top Doctors:

Los ganglios contienen millones de linfocitos y su función es filtrar la linfa y destruir las sustancias extrañas, atrapando virus, bacterias, etc. Podemos decir, a modo de resumen, que cuando se inflaman están actuando como un sensor de alarma: es que algo no va bien en el cuerpo.

¿Por qué pueden inflamarse?

Pues por diversos motivos: “Infecciones (locales o generalizadas), procesos tumorales de los ganglios (linfomas) y también a metástasis de tumores no linfáticos (mama, pulmón, digestivo, piel, tiroides)”, aclara el médico. Los ganglios que se inflaman con frecuencia se encuentran en la cabeza y en el cuello, así como también los de las axilas y la ingle.

Hay ganglios en el cuello | iStock

¿Cuándo debes preocuparte y cuándo no?

Los ganglios inflamados vuelven a la normalidad cuando la afección oculta, como una infección menor, mejora. No te alarmes si te notas uno inflamado porque evidentemente no siempre la razón que lo provoca es un tumor. En todo caso, consulta a tu médico para quedarte tranquila: “Un aumento leve de un ganglio en un territorio aislado y coincidiendo con un proceso banal (infección de piel, flemón dentario, herpes labial, forúnculo, otitis...) debe resolverse con la solución del proceso intercurrente. La persistencia de uno o varios ganglios en el tiempo, el crecimiento de los mismos, la presencia de ganglios generalizados y la simultaneidad de síntomas generales: fiebre, sudoración, pérdida de peso, picor...debe ser motivo de visita y estudio por el médico”, explica Fernández.

En todo caso, deberías acudir al especialista si el ganglio no vuelve a su estado habitual pasado un tiempo (dos semanas o tras remitir la infección), si no hay ninguna infección asociada, si siguen creciendo, aunque sea muy poco a poco. También, si están duros, fijos y son irregulares y si están rojos y sensibles.