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PSICOLOGÍA Y PANDEMIA

¿Estamos preparados para un segundo confinamiento?

Con el primer confinamiento, esperábamos la rápida reacción de los grandes laboratorios farmacéuticos, que proporcionarían vacunas y tratamientos en un breve espacio de tiempo. Pero las informaciones eran cada vez más aterradoras y todos teníamos la sensación de ver el final de esta tragedia cada vez más lejos.

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Después de tantas semanas recluidos, la desescalada no fue tan efectiva como esperaban las autoridades. La segunda embestida está siendo muy virulenta y seguimos llorando a nuestros desaparecidos, con multitud de errores estratégicos sin subsanar desde la primera ola. Por eso, la pregunta es obvia, ahora mismo, ¿estamos preparados para un segundo confinamiento?

“No, no estamos preparados para nada en un segundo confinamiento. Y por varias razones”, nos cuenta el psicólogo Richard Martínez.

Los 5 motivos por los que no estamos preparados para un segundo confinamiento son los siguientes:

-Primero, no confiamos para nada en la clase política, todo se ha politizado mucho.

-Segundo, las medidas que se han tomado no han resultado como esperábamos. En esta segunda ola hay muchísimos fallecidos y las cifras no han asustado como para tener otro tipo de confinamiento. Sigue habiendo cientos de casos, enfermos…

-Tercero, a nivel económico, al principio estábamos con nuestros ahorros y ahora no. Hay una miseria cada vez más manifiesta, en las calles, en las asociaciones que ayudan a los más vulnerables, el Banco de Alimentos, los centros que reparten comida.

-Cuarto, se habla de vacunas, que están a punto de salir. Otro confinamiento nos hace estar más reticentes ante las dos noticias.

-Quinto, no nos hemos recuperado de la primera, ni de duelos, ni de las pérdidas, ni de enfermedades, ni a nivel económico.

“Lo que queremos es un tratamiento, mantener la promoción y la prevención de las medidas de cuidados, sanitarias, pero no un confinamiento si no va a servir para casi nada y las cifras van a seguir igual de altas”, cuenta el psicólogo .

Época de encuentros, época de sensaciones encontradas

“Podemos comprobar, tanto en nosotros mismos como en nuestro alrededor, que el estado de ánimo se encuentra más fraccionado, más fatigado. El invierno se nos presenta con nuevos retos acompañados de muchas incertidumbres por no tener un final esperanzador a la vista. Los acontecimientos sociales de la próxima estación están en serio riesgo. Las competiciones deportivas aplazadas o sin público, lo mismo sucede con manifestaciones artísticas como la música o el teatro. El invierno está cargado de festividades solemnes y familiares como las Navidades, Año Nuevo, los Reyes Magos y el Carnaval”, y los más sensatos antepondrán la salud a los eventos.

El dolor por la pérdida y la crisis económica

“La mayoría de los eventos se celebrarán de una manera más austera, más distanciada y, por desgracia, con mucho dolor por las personas que ya no están o que permanecen hospitalizadas”, nos cuenta de la realidad que está aunque no queramos verla.

“Muchos negocios están cerrados y muchas familias se han quedado sin trabajo. Numerosas aulas cerradas obligan a adoptar medidas excepcionales por parte de los padres, abuelos, etc. para poder ocuparse de los niños. Por otro lado, no todos los estudiantes tienen opciones de participar en las clases online. Las consultas policlínicas y ambulatorias están siendo anuladas. Las operaciones quirúrgicas no urgentes se han pospuesto. Podemos enumerar un sinfín de situaciones tan desesperantes como dramáticas”, y que nos afectan a todos.

Una imagen del confinamiento | iStock

Así está la salud mental de la población

“Vivimos una realidad catastrófica que nos afecta a todos y a todos los niveles. Las personas sufren patologías derivadas de la coyuntura de la pandemia como trastornos del estado de ánimo, ansiedades, algunas acompañadas de crisis de pánico, ideación suicida, trastornos alimenticios, adicciones a sustancias, alcoholismo, juego patológico, trastornos de la conducta sexual, … Pero debemos sumar también la comorbilidad con distintas enfermedades como demencias, trastornos neurodegenerativos, trastornos sensoriomotores, dolores crónicos, entre otras patologías que, por falta de seguimiento terapéutico, suponen un enorme castigo para los colectivos afectados”, añade Martínez.

Consejos para aprender a manejar las emociones y el estado de ánimo.

• Se necesitan unas herramientas o estrategias de afrontamiento, pide ayuda a un profesional

• Es fundamental aceptar lo que experimentamos.

• Debemos dar espacio y tiempo a las emociones que estamos teniendo. Es normal sentir miedos, enfados y desilusiones.

• Tenemos que ser capaces de hablar de nuestros sentimientos.

• La búsqueda de ayuda, tanto en nuestro entorno como de un profesional, es clave para mantener nuestra salud física, mental y emocional.

• Las cosas simples son lo que hacen la diferencia. No pido mover montañas sino pequeños logros como un poco de ejercicio que podemos aprender por internet.

• Tratar de alimentarnos de manera variada, controlando las cantidades y las propiedades caloríficas; ir a los supermercados buscando las ofertas del día, es una buena actividad, económica y saludable. Luego visionamos unas recetas en internet para que nuestros platos sean dignos de ser degustados por los paladares más caprichosos.

• Adquirir hábitos saludables como acostarse y levantarse relativamente pronto.

• Intentar reducir el consumo de tabaco, por ejemplo, a la mitad.

• Evitar ver las malas noticias en televisión y medios sociales.

• Focalizar pequeñas metas de disfrute cada día. Una meta conseguida refuerza la conducta de repetir el logro de otra meta.

• Es necesario manejar el creciente enfado por las pérdidas y restricciones que estamos sufriendo.

• Aprender a canalizar nuestra ira correctamente es el mejor ánimo para motivarnos y superar la fatiga psicológica. El problema del enfado es que es una emoción irracional, que fácilmente podemos dirigir a las personas cercanas a nosotros, conduciendo a una fractura de la relación de armonía y cordialidad existente. La ira y el miedo pueden avivar las teorías conspiratorias que no hacen más que reforzar nuestro estado de malestar y dolor. Nuestros enfados no deben ser usados hacia las personas, sino hacia unos objetivos concretos como por ejemplo atender y mantener las recomendaciones sanitarias que ofrecen los profesionales a través de campañas divulgativas.

¿Necesitas un culpable?

“No se puede responsabilizar de lo que sucede a nadie más que al propio virus. Es imprescindible luchar juntos contra el Covid y no entre nosotros. Redoblemos nuestros esfuerzos por frenar la expansión del virus. Lo que estamos haciendo es evidente que no es suficiente. Yendo un paso más allá, la clave de la aceptación es aprender a vivir de manera serena en la nueva realidad que nos ha construido esta pandemia. No hay soluciones fáciles. Apoyemos a familias y comunidades en estos tiempos difíciles. No hay un grupo al que acusar, pero sí hay grupos más afectados, personas que viven solas, que experimentan más aislamiento, gente que ha perdido trabajo o negocio, personas que están infectadas y afectadas por sus amigos y familiares enfermos o fallecidos...

Cómo encontrar una alegría

“Psicológicamente, necesitamos cosas que nos ilusionen y que sean factibles, buscar acontecimientos sencillos, a la par que bonitos. Usemos nuestra creatividad colectiva para crear espacios sociales, artísticos, deportivos que sean seguros y que podamos disfrutar. Debemos pensar en nuevas formas, rituales y eventos que permitan renovar nuestros vínculos sociales y familiares, que nos refuercen como personas. Como sociedad, sólo podemos triunfar si todos y todas llevamos la carga de ayudarnos los unos a los otros. El altruismo es para el beneficio de todos y no exclusivamente de los más desfavorecidos, porque las sociedades más equitativas son las que tienen mayor índice de bienestar colectivo. Todos estamos en el mismo barco y si todos remamos juntos y en la misma dirección, entonces y sólo entonces llegaremos a la deseada meta”, finaliza.

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