Tradicionalmente se ha calculado el famoso “peso ideal” en base al Índice de Masa Corporal (IMC), ese famoso IMC se centra en únicamente dos parámetros de nuestra fisionomía, la altura y la cantidad de masa corporal que tenemos.

Comúnmente conocido como peso, el IMC es la relación entre ese peso y la altura. Esa fórmula fue creada hace unos 200 años por un matemático para un estudio, buscaba tratar grupos de población. Posteriormente se ha usado por diferentes entidades para hacer grandes clasificaciones de poblaciones.

Ese dato no dice prácticamente nada de tu salud, en personas muy sedentarias, un IMC muy bajo sí nos podría decir que esa persona está en un bajo peso y si es muy alto seguramente esa persona tenga un exceso de grasa corporal, pero ya he añadido una variable de actividad física que viene de conocer mínimamente al individuo.

Crear un rango estrecho para incluir a las personas que se puedan clasificar de saludables, como hace el IMC, que enseguida te incluye en sobrepeso, es interesante para las compañías de seguros.

¿Qué es lo que no aporta el peso ni el IMC? Información sobre la composición corporal ni sobre los hábitos de estilo de vida.

La composición corporal estudia los diferentes compartimentos corporales: masa muscular, masa grasa y cómo está distribuida, masa ósea y la cantidad de agua corporal. Este último compartimento, el agua, es el que más porción física nos ocupa, y sufre fluctuaciones a lo largo del día, de las semanas, del ciclo menstrual femenino, va cambiando con la edad y también puede cambiar en deportistas. La masa muscular y la masa grasa determinan bastante más nuestra salud y nuestra estética.

Báscula | iStock

Nuestro foco en la composición corporal debería ser para ambos objetivos: mejorar la funcionalidad y cantidad de masa muscular y reducir el porcentaje de grasa si está en exceso. Nuestro cuerpo puede experimentar estos cambios (recomposición corporal) y apenas sufrir variaciones el número de la báscula.

Por tanto, el peso, tomado de forma aislada, no debe convertirse en tu obsesión, tu dietista-nutricionista o tu entrenador, sabrán interpretar este dato junto a otros parámetros.

Quizá te ocurre que llevas años buscando volver a un “peso” en el que estuviste alguna vez, en esa época seguramente eras más joven, tenías otro estilo de vida, y no te has parado a pensar que ahora no es así. A veces relacionamos una cifra concreta creyendo que ese número te hará más feliz, y esa obsesión con un simple número te hace olvidar lo más importante: mejorar tu alimentación, realizar un entrenamiento adecuado, mejorar el descanso, son las claves para mejorar tu salud, tu estética, y si tienes exceso de peso o deficiencia, tu peso y tu composición corporal se irán adecuando paulatinamente, así que chequea si estás cumpliendo tus objetivos dietéticos, mejorando tus marcas en el gimnasio y durmiendo las horas que te has propuesto, sin pesarte, y cuando te mires al espejo te sorprenderá el resultado.