Vayamos por partes, la ansiedad, no tiene por qué ser mala, tendrá que ver el contexto en el que se dé: “Por ejemplo, esa ansiedad por comer la primera vez con los suegros, porque vas a dar una conferencia, es una respuesta lógica, bien encauzada no tiene por qué ser negativa”, dice el psicólogo Javier Urra, autor del libro ’90 minutos psicológicos’.

“Los síntomas de una ansiedad anticipatoria serían sudoración, taquicardia, a veces, con tintes fóbicos, como cuando viajas en avión o cuando tienes miedo a las alturas o claustrofobia y subes en un ascensor”, explica. Ojo, porque cuando esa ansiedad es extrema se llega a la angustia, que es un escalón más. “La angustia se vive como angustia vital, ya se llega al ataque de pánico, piensas que vas a morir y realmente lo sientes así”.

¿Qué hacer si se tienen episodios de ansiedad de forma repetida? “Lo primero, ir a un profesional, porque si se repite se debe profundizar en los factores que están desencadenando esa ansiedad”.

Además, el profesional nos enseñará herramientas para neutralizarla cuando notemos que estamos próximos a una crisis: “No sirve de nada decir no voy a pensar en ello porque es peor, acabas pensando más”.

El problema grave viene cuando la ansiedad se generaliza: “Ahí es cuando hay que pedir ayuda, sí o sí, para evitar que haya un fenómeno creciente que acabe resultando incapacitante, que no te deje hacer vida normal”.

¿Las personas más dadas a las crisis de ansiedad tienen un perfil determinado? “Suelen ser personas muy nerviosas, que se preocupan por todo, en el fondo estamos hablando de inseguridades”.

¿Somos ahora más ansiosos que antes? “Hay una sociedad muy estresada, las cosas tienen que ser aquí y ahora. Antes había una sociedad más de lo que Dios nos mande, con mayor aceptación. Ahora hay más exigencia y eso hace que las cosas funcionen mejor pero es verdad que lleva acarreado más estrés. Por ejemplo, está la ansiedad del Whatsapp: te tiene que contestar al momento, es lo que decíamos, el aquí y el ahora”. ¿Mi consejo? “No pedir a la vida más de lo que te pueda dar. Menos ansiedad y más relajo. Más naturaleza, más música y menos vivir tan estresados”, finaliza el psicólogo.