Las veíamos como algo lejano pero todo parecía indicar que venían para quedarse: nos referimos a las mascarillas. En unos meses casi nos hemos convertido en expertos: FFP2, filtros, quirúrgica, etc.

La cuestión es que, aunque haga 40 grados a la sombra, te la tienes que poner (salvo que formes parte de algunas de las excepciones que contempla el BOE, como problemas respiratorios o ser menor de 6 años, entre otras). Sin olvidar además que la mascarilla no exime de otra medida que la acompaña: distancia social. No sirve de nada que te pongas una si te vas frotando con la gente.

Dicho lo cual, como hay que ponérsela, vamos a recordar cómo no debes hacerlo, porque en las calles se ven ejemplos de fallos de manual.

- Recordemos: nos la ponemos en casa, con las manos limpias. La ajustamos bien a la nariz si es una quirúrgica, porque la FFP2 (que no tiene mucho sentido en espacios abiertos) se ajusta sola. Si se te cae, doble giro en las gomas y ya está. Y ya no se vuelve a tocar.

- La mascarilla debe taparte nariz y boca, no solo boca. O sea, no se trata de ir ventilando la nariz o de dejártela fuera porque es que con la mascarilla se respira peor. Si te sientes agobiado por llevarla (tiene su lógica, es algo nuevo, el hombre es un animal de costumbres y nos acabaremos acostumbrando si es necesario), ponte la quirúrgica ya que con ella, al ser más fina, se respira mejor.

Mujer con mascarilla | iStock

- La mascarilla se utiliza para tapar nariz y boca (para evitar que con las gotas de saliva que expulsamos al estornudar o al hablar contagiemos a otros si es que hemos tenido el virus). Pero no están pensadas para sujetarte la mandíbula, que es algo que se ve mucho por las calles. Es decir, la mascarilla no está concebida para tapar tu papada ni proteger la mandíbula porque acaso vengas del dentista.

- Las mascarillas, en la calle, no se van subiendo y bajando al antojo cual persiana. Sobre todo porque puedes haber tocado algo con restos de virus (lleves guantes o no, nos da lo mismo) y subiéndotela y bajándotela o recolocándola cada dos por tres (lo sabemos, son incómodas), ya la puedes haber liado parda. Se coloca antes de salir de casa y no se vuelve a tocar. ¿Cuesta? Muchísimo, pero es lo que hay. Como solución menos mala, si te ves obligada a recolocarla por las razones que sean (las quirúrgicas suelen bajarse si hablas), lleva siempre gel hidroalcohólico contigo: te limpias bien las manos con él y la recolocas. Y luego, otra vez gel. Y ya sabes: al llegar a casa, lavado de manos con agua y jabón cantando dos veces Cumpleaños Feliz. Y solo entonces la retiras de las gomas y a la basura si es una quirúrgica.

- La mascarilla no sustituye la distancia social: así que ya sabes, mantén el metro y medio o dos metros de distancia con otras personas. Por tu seguridad y por la de ellos.