Sí, suena asqueroso

Sí, suena asqueroso

Comerse la placenta, ¿de verdad tiene algún beneficio?

Hoy toca tema escabroso y no apto para estómagos delicados. Sí, hablamos de comerse la placenta, algo que puede sonar bien raruno (y nos lo parece) pero que pulula por las redes sociales como una práctica de lo más molona y ventajosa. Pero, ¿realmente lo es? ¿Qué origen tiene esto? ¿Supone algún peligro?

Embarazada
Embarazada | iStock

Lucía Martín (@Luciamartin) | Madrid | 13/07/2018

Hablamos con el pediatra José Ramón Fernández sobre el tema.

Lo primero que hay que decir es que es una práctica muy minoritaria (no, no todas las que parimos nos da por comernos semejante “manjar”), y asociada al parto natural. Pero, y aquí viene el dato negativo, cada vez tiene más adeptas. “Empezó a ser popular en EEUU allá por los 80, se decía que tenía beneficios como la mejoría del estado de ánimo de la madre, prevención de la depresión postparto, aumento de la "energía" y aumento de la producción de leche materna). Es necesario señalar que la placentofagia materna humana, no es una práctica tradicional en ninguna cultura del mundo y que esos supuestos beneficios se han extrapolado de estudios animales, pero no se ha demostrado en humanos”, explica el médico.

Pero no solo no tiene beneficios sino que puede suponer riesgos para quien lo ingiere, en este caso, la madre del bebé: “No existe ninguna prueba científica de que el consumo en humanos tenga beneficios para la madre y se sabe que sí puede tener riesgos. Hay que recordar que la placenta es un órgano que, entre otras funciones, protege al feto evitando el paso de tóxicos. Y esos tóxicos pueden ingerirse si se consume tras el parto, y pasar a través de la leche materna al recién nacido”, analiza. O sea, que no solo estarías poniendo en riesgo tu salud sino también, la de tu bebé.

Pareja viendo ecografía | iStock

El experto nos confirma que en España puedes llevarte la placenta a casa si el embarazo y el prato han ido bien: “No sale del hospital si ha habido algún problema en la gestación o el parto, porque en este caso se envía a analizar al laboratorio para aportar información”, explica. No le consta que en nuestro país exista alguna empresa dedicada a la comercialización de placenta en cápsulas o deshidratada, pero sí existen en Usa y Argentina (evidentemente y por razones obvias, no vamos a aportar las direcciones).

Pero, ¿cómo consumen la placenta? “No hay un procedimiento estandarizado que regule cómo debería cocinarse para eliminar la posibilidad de transmitir infecciones. Se consume cruda, deshidratada, cocida, en lasaña, burritos, batidos.. Sí, da mucho asco, lo sé”, detalla el pediatra.

Hace unos años hubo un caso de infección grave por una bacteria (estreptococo del grupo B) en un recién nacido de Atlanta. Se supo que la madre estaba consumiendo cápsulas de placenta deshidratada y se comprobó que dichas cápsulas contenían la misma bacteria que infectó al niño: “Probablemente su ingesta causó la infección en el recién nacido. Así que la conclusión es que hay que informar a las madres de la ausencia de beneficio alguno en esta práctica, además de la posibilidad de transmitir tóxicos e infecciones al niño por esta vía”, finaliza.

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