Llega el viernes y vas haciendo planes. Tienes muy claro que este finde vas a darlo todo, todito. La noche se te va a quedar corta y te vas a beber hasta el agua de los floreros. Pero, claro, siempre hay algún borrón para la ilusión, una nube que tapa el sol, un cenizo que te dice que ese desodorante que has comprado y que te hace "irresistible" no funciona... En este caso, hablamos de la resaca. Así es, ese estado en el que te encontrarás al día siguiente de salir a lo loco y del que intentarás huir haciendo cualquier cosa... salvo beber menos que, casualmente, es lo único que funciona.

Entre los remedios mágicos que llevamos generaciones escuchando hay uno que parece de lo más sencillo. Consiste, básicamente, en tomar, justo antes de salir, una cucharada de aceite de oliva con el objetivo de que selle nuestro estómago para que el alcohol no se apodere de nuestro cuerpo. Así, a capón. ¿Tiene sentido este truco o es solo una leyenda urbana? Veamos.

Parte del alcohol pasa a nuestra sangre a través de los tejidos del estómago. Si tomamos una cucharada de aceite antes de comenzar a beber, creamos una especie de protección natural para nuestro estómago que ralentiza la absorción de alcohol y, por tanto, evita que nos emborrachemos tan rápido y de manera tan severa. El aceite, no obstante, no es milagroso: al final, no nos va a librar de la resaca si bebemos como si no hubiera un mañana.

Entonces, ¿funciona lo de tomar un chupito de aceite antes de empezar una sesión de desbarre alcohólico? Pues en apariencia sí que ayuda aunque, como siempre ocurre, no previene totalmente que nos emborrachemos. Siempre es mejor beber con algo en el estómago que hacerlo con éste vacío: ralentizaremos la acción del alcohol y evitaremos sentirnos borrachos desde el minuto 0.